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martes, 8 de abril de 2014

Residente en Reino Unido

Hace poco volví a Londres para pasar el fin de semana. La cercanía y los amigos que viven allí hacen que de vez en cuando simplemente "toque" una visita. Esta vez dormí en casa de Milton y Lorenza, que son un par de aventureros que han terminado viviendo en este país y formando una pareja encantadora. Lorenza es italiana, aunque vivió varios años en Estados Unidos, y ha aprendido español gracias a Milton; y mi amigo es de Ecuador, aunque estuvo en Murcia unos años antes de que el trabajo escaseara y decidiera cambiar de nuevo de aires, y está mejorando su inglés en parte gracias a su novia, que de vez en cuando nos cambiaba el idioma de la conversación. Acompañado por ellos taché la National Gallery de mi lista de museos londinenses por visitar, y comprobé que en esta ciudad tiene sentido viajar 20 minutos en metro para tomar un café de 15 minutos; de hecho, puede ser la única opción si uno quiere ver a un buen amigo como Dani.

Precisamente Dani me había acompañado el día anterior para cumplir con el propósito "oficial" de la visita: registrarme como residente en el Consulado Español en Londres. Muy convenientemente para mí, el Consulado está muy cerca de la estación de Victoria, a la que llega el bus desde Bristol. Y no tan convenientemente para los contribuyentes españoles, está situado en el carísimo barrio de Chelsea, que se caracteriza por los coches de lujo, las boutiques selectas y los áticos lujosos al estilo El Lobo de Wall Street. El edificio era bonito, eso sí. Como llevaba todos los documentos en regla, el trámite fue rápido, así que ya soy a todos los efectos residente en Reino Unido. Eso da que pensar, desde luego, y uno se pregunta si puestos a emigrar, he ido a parar a un buen sitio. Pensándolo bien, yo diría que la vida se ha portado bien conmigo: aquí todo ha cambiado para mejor desde que adelantamos los relojes una hora, con días más largos, menos lluviosos y con temperaturas más agradables. Yo aún seguiré en esa tendencia ascendente cuando, esta misma semana, adelante otra hora mi reloj y ponga rumbo a Murcia para pasar allí unas merecidas vacaciones...
 
Pero antes de eso, hoy quiero profundizar un poco en la cultura que me rodea por estas tierras, y para ello he seleccionado unas cuantas viñetas (podéis encontrar más en el siguiente enlace: http://www.lgpcards.co.uk/postcards.html). Me han hecho gracia y, aunque unas son más exageradas que otras, todas las que he incluido tienen algo de verdadero en mi opinión. Vamos allá...
 
Empezaré por las formas, que aquí se cuidan muchísimo. Los ingleses utilizan una sonrisa y entonación estándar en la gran mayoría de sus conversaciones. Para muchos es extremadamente importante saludar y preguntar cómo estás, para que les contestes que "bien, gracias", les devuelvas la pregunta, ellos te den idéntica respuesta..., y luego nada más, si acaso alguna queja acerca del tiempo. Sin exagerar, he presenciado o participado ya en centenares de conversaciones así. Supongo que de ahí les viene a los habitantes de esta isla su fama de flemáticos: mantener la compostura siempre, pase lo que pase. Por eso en esta primera viñeta aparece un hombre ahogándose y pidiendo ayuda a gritos, mientras el señor inglés y su perro pasan de largo. Error. La actuación correcta, según los autores, sería interpelar al transeúnte con una sonrisa y un "disculpe, señor. Siento muchísimo molestarle, pero me preguntaba si le importaría ayudarme un momento, siempre que eso no suponga un problema, por supuesto". Lo sé, te estás ahogando, pero ¡fíjate qué bien dispuestos están ahora el señor y su mascota, ya les puedes pedir lo que necesites!
 
En esa misma línea, los ingleses se lo piensan muy mucho antes de insultar o criticar a alguien abiertamente. Dicho en otras palabras, mienten como bellacos. En esta escena hay una pareja claramente descontenta por la calidad de la comida que les han servido en el restaurante. El hombre se queja de que su carne está tan dura como unas botas viejas, y de que el vino es pésimo y ni siquiera del tipo que había pedido, mientras que la mujer afirma que el pescado está insulso, la guarnición está fría e incluso hay un gusano en la ensalada. Pero cuando llega el camarero a preguntarles si están disfrutando la cena, los dos se deshacen en elogios con su mejor sonrisa. Por si os parece una barbaridad, os diré que los camareros suelen pasarse por las mesas durante la cena para preguntar a los clientes (con más frecuencia que en otros países, diría yo), y que yo estuve en una escena casi calcada hace sólo unas semanas cuando pedimos unas "hamburguesas especiales" que alguno ni siquiera se pudo acabar...
 
Otro aspecto que da mucho juego, como ya he comentado alguna vez, es el idioma. Hay algunas cosas que conviene aprender lo antes posible, es lo que en esta viñeta llaman el "inglés de supervivencia". El ejemplo es el de un turista que está en el metro de Londres escuchando incesantemente el aviso "mind the gap". Está intrigado porque no entiende a qué se refiere esa advertencia, aunque no tardará en averiguar que se trata del hueco que suele quedar entre el vagón y la acera...
 
Puedo decir por experiencia que las conversaciones telefónicas en inglés dan lugar a muchos malentendidos, sobre todo en los primeros meses. En esta viñeta hay un hombre preocupado porque pidió una habitación con camas gemelas, pero parece que ha habido una confusión...
 
Y qué decir de la vida nocturna... Un aspecto que llama la atención enseguida es ver cómo, en pleno invierno, los ingleses y (sobre todo) las inglesas se pasean los sábados por la noche con vestidos de palabra de honor con minifalda y camisetas de manga corta. De ahí el asombro del protagonista de la viñeta, que está concluyendo que los británicos son más calurosos de lo que él pensaba, mientras el portero no deja entrar a una chica por ir demasiado abrigada.
 
Siguiendo con la marcha, los británicos tienen una (muy merecida) fama de beber como cosacos. Este diagrama presenta la proporción de masa corporal destinada al almacenaje de alcohol en un bebedor continental promedio (izquierda) y en un bebedor británico voluminoso (derecha). Abajo hay una nota de salud y seguridad que dice: "los extranjeros NO deberían intentar copiar nuestra forma de beber. Los británicos se han ido acostumbrando a ello tras muchas generaciones; sin el entrenamiento adecuado, esta práctica puede tener consecuencias desastrosas para constituciones físicas más endebles".
 
Para terminar, mi favorita. El mensaje de esta viñeta es que, dejando a un lado el tiempo, la comida, el alojamiento, la campiña, la gente y el idioma, ¡estoy pasándolo genial aquí! Curiosamente, esta postal la vi por primera vez hace tres años, y me hizo tanta gracia que decidí comprarla como recuerdo chistoso de mi visita a... Bristol. La vida se porta bien conmigo, lo he dicho antes, pero también me gasta bromitas de vez en cuando...








sábado, 22 de marzo de 2014

Elgar: The Kingdom

Como ya he comentado alguna vez, a las pocas semanas de estar aquí decidí apuntarme a un coro de la universidad. Estuve algún tiempo cantando en varios coros de Murcia y me gustó la experiencia, así que pensé que sería una buena manera de conocer gente maja y disfrutar de la música clásica. Vamos por partes...
 
Comenzando por la gente, creo que el coro es un buen ejemplo de las fuertes diferencias que he observado a menudo entre la forma de relacionarse socialmente aquí y en España. Después de cantar casi nueve años en tres coros diferentes de mi tierra, tenía claro que a los coros va gente que lo pasa bien no solamente cantando, sino también charlando o saliendo después con los demás compañeros. En los coros a los que pertenecí antes la gente se quedaba hablando tranquilamente al terminar los ensayos, se organizaban cenas y a menudo había algún viaje de fin de curso. Por eso me sorprendió que tras las primeras semanas me costase arrancarle a duras penas un saludo a la persona que había estado cantando a mi lado durante hora y media. Poco a poco me he ido convenciendo de que no es nada personal, sino simplemente que los ingleses tienen vidas más "compartimentalizadas" que las nuestras: en el coro, llegan puntuales y se marchan nada más terminar el ensayo, sin prisa pero sin pausa; en el trabajo, salen de pintas los viernes cuando alguien lo organiza, y con las mismas cada uno sigue con su vida. Y así sucesivamente. Los primeros meses no lo llevaba muy bien, y si la cosa ha ido mejorando ha sido porque mi estilo de vida es algo más "inglés" ahora, y sobre todo porque he ido encontrado gente con ganas de pasar tiempo conmigo "no solamente cuando toca, sino simplemente porque sí". Uno de ellos es el mexicano Alexandro, al que conocí precisamente cantando. Si antes comentaba que en general la experiencia en este coro no ha sido muy intensa socialmente, también es justo decir que Alexandro se ha convertido en mi mejor amigo aquí y que sólo por eso los cinco meses y medio de ensayo han merecido la pena. Pero pasemos a la segunda parte...
 
En el plano musical, la apuesta del coro no me ha decepcionado para nada. Hemos pasado todo este tiempo preparando una sola pieza: el oratorio para coro, orquesta y solistas El Reino, del compositor inglés Edward Elgar, que pone música a varios pasajes de la Biblia posteriores a la muerte de Jesucristo. A mí no me sonaba el nombre en absoluto, pero aquí Elgar es una celebridad, hasta el punto de que su rostro aparecía en los billetes de veinte libras. A medida que el concierto se acercaba y el coro empezaba a cantar algo parecido a lo que el maestro había escrito, Alexandro y yo terminamos dándole la razón a los ingleses. Sobre todo después de escuchar esta grabación en YouTube:
 
 
Y así llegamos a la semana pasada, cuando se acercaba definitivamente el día del único concierto de la temporada y tocaba montar las piezas. El martes tuvimos el primer ensayo conjunto con la orquesta, y el viernes se unieron tres de los solitas. Era la víspera del concierto, y el único consuelo que me quedó mientras daba vueltas inquieto en la cama fue que aún teníamos un último ensayo para tratar de pulir todos los errores y ofrecer al público una versión aceptable de una pieza tan bella. El sábado 15 estuve nervioso durante toda la mañana y me senté a comer sin hambre (cosa rara en mí, aunque una explicación alternativa es que las 12:15 no es la mejor hora para comer lentejas). El ensayo de la tarde fue tranquilizador (la siesta posterior también hizo su papel), y cuando salí al escenario me sentía afortunado por poder formar parte de un espectáculo así. Desde mi alejada posición detrás de la orquesta de más de 40 miembros y al final de un coro de más de 100, pude distinguir a Julian, mi supervisor del trabajo. La actuación tuvo momentos sublimes y, tomada en su conjunto, sonó mejor que cualquier ensayo previo, así que esa noche me acosté emocionado, satisfecho..., y agotado. En este link se pueden descargar los archivos de audio correspondientes a las cinco partes de nuestro concierto (solamente estarán disponibles hasta el 3 de abril):
 
 
Si queréis disfrutar de la obra, os aconsejo que pinchéis el enlace de YouTube, ya que es una grabación profesional y con músicos profesionales. Pero si tenéis curiosidad por escuchar algún trocito de nuestra versión, os recomiendo la Parte 3, que es la más pegadiza (?), y la Parte 5, que fue la que mejor sonó. Y nada más, ¡con la música a otra parte!
 

 

domingo, 9 de marzo de 2014

Tu cara me suena

La primavera está llegando a la ciudad, y nos ha sorprendido con el primer finde completamente soleado que recuerdo en mucho tiempo para celebrar mis primeros 6 meses aquí. La semana ha estado muy animada socialmente (y lo que queda), así que estos días no ha habido sesiones intensivas de guitarra ni tiempo para escribir relajadamente algo para el blog; como mucho, he sacado algún ratito para repasar las partituras del coro, ya que tenemos el concierto que llevamos meses preparando el próximo sábado y nos espera una semana de ensayos maratonianos con la orquesta. Pero bueno, seguro que acaba surgiendo el momento para volver aquí y contaros unas cuantas peripecias...
 
Mientras tanto, os dejo una anécdota. Se trata de la visita del presidente del Partido Popular Europeo a Dublín hace apenas unos días. No sé mucho acerca de tal partido, ni tampoco caí al ver el nombre del ponente. Pero esa cara..., ¿de qué me suena a mí esa cara?
 
Los idiomas, esa fuente inagotable de anécdotas...

viernes, 28 de febrero de 2014

Trabajo: George, mailing lists y problemas con los USA

Como cada semana, he pasado un buen puñado de horas en mi despacho, que es una zona diáfana y espaciosa donde también trabajan varios investigadores ingleses y una serbia que lleva aquí más de 20 años. Podría escribir cosas buenas acerca de todos ellos, pero como primer personaje para el blog me quedo con la última adquisición. Se llama George, es nigeriano y llegó hace un mes con su familia procedente de otra universidad del norte de Inglaterra. Me cuenta con solemnidad que su país es la nación negra más poblada del mundo, y que el idioma oficial es el inglés, que coexiste con varias docenas de lenguas tribales. Pronto captó mi atención por su risa franca y ruidosa, que contrasta inevitablemente con la cortesía flemática y distante de muchos ingleses. A pesar de su talante desenfadado, George es un estupendo profesional con varios estudios prestigiosos en su haber, pero eso lo he sabido por otras personas. Todas las semanas nos buscamos varias veces para contarnos qué tal nos va o compartir alguna anécdota. Incluso me ha descubierto un nuevo estilo musical: el afrobeat.
 
Una fuente constante de noticias y novedades, algunas interesantes, son las mailing lists de la facultad. En la lista genérica, a la que pertenecemos los más de 400 trabajadores de este centro, se publican anuncios de toda índole. Casi todos los días leo correos de gente pidiendo referencias acerca de otros gremios (fontaneros, ópticos, dentistas, tasadores inmobiliarios...) y recomendando a (o previniendo contra) ciertos profesionales. También son frecuentes campañas de caridad como la de mi amiga Claire, destinada a unos caballos en estado de salud preocupante en Méjico, o la de una mujer que estaba reclutando gente para dormir a la intemperie esta noche como muestra de apoyo a los sin techo (y estos días han bajado algo las temperaturas). Gracias a esta lista yo encontré alojamiento temporal y tuve la suerte de conocer a Kristina, compré una guitarra casi nueva hace unas semanas y, hoy mismo, he ido a un concierto de jazz gratuito que me ha dejado con la boca abierta. A veces hay mensajes menos interesantes, como avisos de averías o sencillamente alguien que ha perdido su taza del té. Y de vez en cuando escribe un compañero griego al que George y yo tenemos ganas de conocer en persona para echar unas risas. Seguro que es buen chaval. Supimos de su existencia un día en que alguien estaba pidiendo sugerencias originales para titular un artículo que sería enviado a una importante revista científica, y él propuso un diminutivo que en realidad se utiliza aquí de manera coloquial como insulto racista. Al día siguiente, el mismo muchacho escribió un alarmante mensaje anunciando que había olvidado su memoria USB en la ducha y que necesitaba recuperarla urgentemente, ya que contenía información "altamente confidencial".
 
Hablando de correos y de información confidencial, hoy terminaré con una anécdota algo rocambolesca. Hace casi tres meses que espero un pago de una asociación que está en Noruega, pero que opera financieramente desde Estados Unidos. En realidad es una suma simbólica, y lo será aun más cuando me apliquen las dichosas comisiones por cambio de divisa, pero al menos me ha generado una batallita para el blog. Resulta que ayer me escribieron para informarme de que el pago se estaba retrasando porque mi nombre aparece en una lista negra de un banco estadounidense.
- "Bienvenido a los sistemas de vigilancia universal - me decía un tal Eamonn desde Noruega. Avíseme si está interesado en conocer más detalles acerca de este asunto. ¡Yo ciertamente lo estoy!"
Sin saber muy bien la impresión que se estaba formando de mí aquel nórdico, me apresuré a pedir que verifiquen que el nombre coincide exactamente con mi nombre completo, y que de ser así pasaríamos a comprobar el número de pasaporte (aunque Eamonn no tiene por qué saberlo, viví 3 meses en Tennessee, y a estas alturas me empezaban a pasar ideas algo paranoicas por la cabeza). Pero hoy tenía un mensaje conciliador de Eamonn, quien me pedía paciencia mientras el asunto se aclaraba e incluso compartía conmigo la historia de un senador estadounidense que no pudo subir a un avión por un asunto similar poco después del 11-S, y también la de un amigo suyo que vivió en Italia y tuvo la mala suerte de compartir nombre y apellidos con un capo de la mafia, lo cual le reportó un despertar más agitado de la cuenta cuando la policía creyó haber localizado a "su hombre". Me ha parecido majo este Eamonn, así que le he contado la historia del día que fui a poner una denuncia en Murcia y casi acabo arrestado porque mi nombre coincidía exactamente con el de un maleante del Puerto de Santa María. Y he terminado diciéndole que no sé lo común que será su nombre en Noruega, pero que probablemente en España y en Reino Unido él estaría totalmente a salvo...

 

lunes, 24 de febrero de 2014

Ese famoso artículo del New York Times

Hace apenas unos días, el afamado diario New York Times publicaba un reportaje dedicado a la cultura española que no tardó en cruzar el charco. Los periódicos españoles - los que yo consulto, al menos - se hicieron eco de la noticia, y entre la charla con mi amigo Gonzalo mientras veíamos el fútbol este miércoles y varias reseñas de mis amigos en las redes sociales a lo largo de la semana, pensé que el asunto tenía cierta trascendencia. Así que busqué el citado reportaje y después de leerlo me quedaron algunas reflexiones que quiero compartir con vosotros. Por cierto, aquí lo tenéis por si queréis echarle un vistazo:

http://www.nytimes.com/2014/02/18/world/europe/spain-land-of-10-pm-dinners-ponders-a-more-standard-time.html?hpw&rref=world&_r=0

En primer lugar, me animé al ver que España aparecía retratada en el reportaje como uno de los países más productivos de Europa, según la agencia Eurostats. Esta noticia me alegró doblemente, ya que por un lado estoy acostumbrado a escuchar (que no compartir) el estereotipo de que los españoles somos vagos y de poca utilidad en el trabajo, y que nuestro hábitat natural son las discotecas a altas horas de la madrugada; y por otro lado me había alarmado tanto al leer algunas de las reacciones al reportaje que estaba esperando encontrar casi un ataque frontal a los españoles. Pero no, no es eso lo que dicen los datos de Eurostats, de los cuales Pablo Prieto hace un audaz análisis en el siguiente enlace:

http://www.huffingtonpost.es/pablo-prieto/desmontando-mentiras-hoy-_b_2018783.HTML

Ahora bien, en este artículo se cuestionan abiertamente los horarios de nuestro país, con especial atención a la siesta en mitad del día. Empezando por el final, creo que existe una imagen algo distorsionada del hábito de la siesta fuera de España que no se corresponde con la realidad. En el reportaje se habla de la siesta como una costumbre prácticamente obligatoria; sin embargo, la mayoría de los profesionales que yo conozco no duermen la siesta durante la semana, y quienes lo hacen suelen pertenecer a sectores donde se desempeñan labores físicas que aconsejan un descanso en mitad de la jornada (albañiles, trabajadores a pie de campo, peones industriales) o bien a profesiones liberales donde los horarios son más flexibles o solamente se trabaja hasta las 15 horas. Yo identifico la estampa de los albañiles durmiendo la siesta como algo típicamente español, y no creo que sea un mal vicio que haya que desterrar. Cuando a los médicos españoles se les pregunta por la siesta, suelen describirla como un hábito natural y con efectos beneficiosos si se practica con la duración adecuada. Aquí van algunas pautas:

http://www.sabervivir.es/salud-al-dia/noticias-de-salud/dormir-la-siesta-no-mas-de-30-minutos-y-en-el-sofa

Lo de los horarios creo que merece más atención. El reportaje menciona jornadas laborales hasta las 20 horas, que hacen difícil eso de la conciliación de la vida laboral y familiar de la que tanto se habla últimamente. También se incide en el retraso del prime time en los medios de comunicación hasta alrededor de las 22 horas (curiosamente, relata el autor, esta costumbre tiene sus raíces en la dictadura de Franco), lo cual hace que muchos españoles (un 25%, según una encuesta) estén aún delante de la pantalla después de medianoche. Esto ya me suena más ajustado a la realidad, tanto en relación a las jornadas laborales de sol a sol - que son aún frecuentes en la empresa privada española - como en lo que respecta a los espectáculos televisivos nacionales (fútbol, series, reality shows...) los cuales rara vez comienzan antes de las 22 horas. Así son las cosas, y supongo que si así siguen es porque la gente está contenta. Yo al final me ciño a menudo al "donde fueres haz lo que vieres", y he llegado a quedar para cenar a las 17:30 en Holanda o a las 23:00 en España. Creo que es bueno ser flexibles, y me pregunto si llegara el día en que pueda proponer una cena a las 20 horas sin que a algunos de mis amigos españoles se les caiga el alma a los pies...

Para terminar, lo que menos me ha gustado de este reportaje es que está basado en criterios puramente económicos; ese enjuiciamiento de nuestra siesta después de comer o de nuestra afición a sentarnos a cenar cuando otros europeos se están poniendo el pijama, obedece únicamente a la preocupación por que eso afecte a nuestro rendimiento en el trabajo al día siguiente. El autor de este reportaje no se pregunta cómo afectan los horarios españoles a la salud de los ciudadanos o a la calidad de las relaciones interpersonales. Es una pena. Creo que cualquier sociedad debería estar estructurada para maximizar el bienestar de las personas, y no su contribución al producto interior bruto. Eso es lo que afirma y defiende firmemente en su último libro Pedro Jara, con quien os dejo - en muy buena compañía - hasta la próxima entrada.

http://regeneraconsciencia.org/tag/el-mundo-necesita-terapia/

viernes, 14 de febrero de 2014

Capeando el temporal

Como habréis visto en las noticias, el tiempo en Gran Bretaña ha sido bastante desapacible últimamente. Aquí la BBC lleva varios días hablando de accidentes debidos al temporal, trenes cancelados, recomendaciones de no viajar a no ser que sea estrictamente necesario... La peor parte se la llevaron algunas localidades costeras como Cornualles, que está a poco más de 200 km de aquí, donde las inundaciones han dejado intransitables muchas calles e incluso han obligado a evacuar a varios vecinos de sus casas. El finde pasado estaba viendo un avance de la BBC en el lugar y en un momento dado el reportero hizo una conexión con su compañera del tiempo para saber el pronóstico para los próximos días. La muchacha, con una mueca de resignación, comentó que el pronóstico era..., más lluvias. Y yo pensé que no me gustaría trabajar como hombre del tiempo en un país como éste...
 
Que en Inglaterra no siempre hace sol y calorcito no es algo que os vaya a enseñar yo esta noche. Los mismos ingleses se quejan del tiempo casi a diario, creo que en parte como forma de romper el hielo en las conversaciones. La verdad, con tanto que había oído, a mí hasta se me está haciendo llevadero después de unos meses. En Bristol tenemos viento y lluvia, a menudo en perfecta combinación. A mí eso me parece bastante soportable. Lo de la lluvia era algo que tenía asumido, y tiene su lado positivo para mí: me espera una primavera sin grandes problemas de alergia. Si me dan a elegir prefiero ver más el sol y pasarme los tres meses estornudando, claro, pero no hay mal que por bien no venga. En cuanto a las temperaturas, estamos teniendo entre 5 y 10 grados durante el día, lo cual viene a ser un invierno suave a mi juicio. Paula, mi nueva compañera de piso, no está totalmente de acuerdo. Paula lleva unos meses en Bristol aprendiendo inglés para obtener un certificado de idioma y luego buscar trabajo como dentista. Hoy ha vuelto de visitar a su familia en Gran Canaria y me la he cruzado por la calle con sus dos amigas sevillanas, las tres pertrechadas con guantes, bufanda y capucha de forro polar. Es bueno encontrarse con paisanos por aquí, siempre veo en ellos cosas que me recuerdan a mi familia y amigos. Hace poco organizaron una cena española en casa que dio lugar a que Richard y yo no tuviéramos que cocinar nada durante dos días.
 
Así que lo del frío es relativo, pero lo de la lluvia es algo palpable, al menos en esta ciudad. En el día a día, la mayoría de ingleses ni siquiera llevan paraguas, sino un abrigo impermeable con capucha. Yo hace tiempo que adopté esa costumbre, después de que el viento destrozara mi paraguas plegable recién comprado en un tiempo récord. Y como compensación, siempre queda tomarse unas vacaciones en algún rincón del mundo con un clima más benigno. Eso fue lo que debió pensar Olivia, mi otra compañera de piso, que ha decidido pasar la Semana Santa en Australia. A primera vista, me pareció que Olivia sería perfecta para una película de terror dirigida a estudiantes de inglés: habla despiadadamente rápido, con un fuerte acento y va a casi todos sitios con prisa y con aspecto de haber dormido mal la noche anterior. No pasa mucho tiempo en casa, así que la primera conversación larga con ella la tuve en un pub el viernes pasado, donde nos explicó que últimamente las cosas no le han ido demasiado bien. Sin embargo, hoy me ha alegrado verla radiante mientras nos explicaba, algo nerviosa, que en un par de meses va a volar sola por primera vez, y nada menos que al otro extremo del planeta. A Richard se le ponían los dientes largos, y yo sonreía pensando que para entonces también estaré de vacaciones en otro rincón soleado del que me acuerdo todos los días...
 
 

domingo, 2 de febrero de 2014

Richard

Sábado por la noche en casa, ¿qué me está pasando? Lleva todo el fin de semana lloviendo a cántaros (o como dicen los ingleses, lloviendo gatos y perros) y en el salón de mi nueva casa se está cómodo y calentito. También ayuda el haber estado casi toda la semana de viaje y levantándome entre las 4:30 y las 6 de la mañana. Y tenía ganas de añadir otra entrada, así que me he traído el portátil al salón donde Richard está viendo la tele. Richard me había invitado a salir con sus amigos esta noche, pero le he contagiado mi pereza y ahora está plácidamente ocupando un sofá con sus casi dos metros de estatura. Es lo más parecido que tengo a un amigo inglés después de vivir casi cinco meses en Inglaterra, así que os voy a hablar un poco más de él hoy...
 
Richard tiene un año más que yo y trabaja como ingeniero en Bath, adonde va todos los días en su moto, a menudo desafiando las condiciones meteorológicas de lluvia, viento y frío (aunque frío no nos ha hecho mucho por ahora). Eso es algo muy inglés, como también lo es engullir cada día un sándwich insulso a mediodía. Él, sin embargo, lo compensa con cenas copiosas y bastante elaboradas. Tiene que alimentarse bien, ya que va al gimnasio varias veces a la semana y está siguiendo un programa especial para tratar de ganar masa muscular y poder apuntarse a un equipo de rugby dentro de unos meses, una de sus pasiones. Yo también he aprovechado mi nueva localización para apuntarme al gimnasio, así que un tema del que Richard y yo hablamos a menudo son las agujetas, que en su caso son debidas a grandes esfuerzos y en el mío a una especie de alergia corporal a las pesas por ligeras que sean...
 
Richard tiene abandonada en su habitación una guitarra eléctrica imitación de la de James Hetfield, cantante de Metallica. Cuando la descubrí por casualidad acabamos hablando y descubriendo que tenemos gustos musicales parecidos. Me la prestó de buena gana, y yo la he cuidado bien hasta devolvérsela ayer después de haberme comprado una guitarra acústica de segunda mano que suena espectacular. Ahora dice que le han entrado ganas de volver a tocar, supongo que en eso comparto la culpa con su novia Sofía, que estaba delante durante el préstamo temporal y le animó a retomar la música. Sofía es griega y viene a veces los fines de semana. Sus visitas son agradables, ya que es una chica inteligente y sensata con la que da gusto conversar.
 
Otra cosa que tenemos en común Richard y yo es que nos encanta ver deportes por la tele. El pasado finde estábamos muy pendientes del Open de Australia de tenis, y hoy hemos estado entretenidos con el comienzo del torneo Seis Naciones de rugby. Este deporte es completamente nuevo para mí, así que Richard me ha explicado pacientemente varias reglas mientras comíamos viendo el Gales-Italia. Ha sido un buen calentamiento, ya que después jugaba Francia contra Inglaterra, y en el pub nos esperaba Lisa, nuestra ya ex-compañera de piso. Lisa es francesa, y ha necesitado apenas unos minutos para enemistarse con todo el pub, lleno de ingleses cantando el himno a pleno pulmón, tras celebrar valientemente el primer ensayo de Francia, que se ponía 5-0 en el marcador. Teníamos una despedida de soltero muy cerca nuestro a la que no paraban de llegar pintas de cerveza rubia y negra, así que el ambiente ha sido interesante. Los ingleses, muy comedidos al principio, poco a poco se iban sintiendo eufóricos conforme Inglaterra remontaba y la cerveza se abría paso hacia el estómago. En un momento dado estaban cantando góspel, mientras Richard, que volvía a saborear la cerveza después de adoptar la aquí popular costumbre del "enero seco", me miraba divertido. Finalmente Francia ha ganado por dos puntos, pero Richard estaba contento porque habíamos visto un buen partido. Los chicos de la despedida también, porque seguían llegando cervezas a la mesa y, a falta de victorias deportivas, había en la sala una francesa bonita y aguerrida a la que adular...


martes, 21 de enero de 2014

Una segunda emancipación

A modo de introducción: cuando aterricé en casa de Kristina, recién llegado a Bristol en septiembre, mi idea era pasar allí unas pocas semanas mientras encontraba algo en la ciudad, idealmente cerca del trabajo. Pero las cosas no siempre salen como uno planea, y mis primeras semanas transcurrieron mayormente entre días largos y extenuantes en la universidad, al final de los cuales sólo tenía ganas de volver a mi casa en las afueras. Allí me esperaba generalmente alguna ocurrencia de Alex, y a menudo alguna conversación interesante con mi casera alemana durante la cena, así que con el tiempo no me pareció tan malo eso de coger el tren cada día para volver con mi familia de acogida. Los fines de semana se volvían más incómodos, eso sí, y cuando comencé a utilizar los autobuses nocturnos encontré un ambiente poco halagüeño a bordo. Y así llegó diciembre, con el anuncio de la llegada inminente de un adorable mamífero capaz de hacerme estornudar hasta en sueños. Fue por entonces cuando descubrí que muchas habitaciones se quedaban libres con la entrada del nuevo año, así que, con una miaja de pesambre, decidí retomar el plan inicial.
 
Pasemos al método: a mediados de diciembre, me puse manos a la obra y comencé con una búsqueda exhaustiva en el portal de anuncios clasificados Gumtree. Después vino la criba de más de 400 anuncios, a la que sobrevivieron 15, y todo este proceso fructificó en 5 visitas a menos de una milla de mi trabajo durante mi entretenido último finde antes de volver a Murcia por Navidad. En 4 de esas visitas pedí tiempo para pensarlo: una habitación muy pequeña en un piso donde querían una respuesta lo antes posible, un cuarto espacioso pero muy viejo en un piso compartido con una mujer maniática y su familia, un cuarto amplio y razonablemente nuevo en la caótica casa de una familia china con un niño monísimo de un año, y un piso de un dormitorio encantador, pero algo alejado de mi trabajo y de mi presupuesto, y además sólo disponible temporalmente. Cuando me dirigía al quinto lugar el domingo por la tarde caía una lluvia nada desdeñable aderezada con viento lateral, y yo había llegado antes de la hora acordada, así que me reconfortó que me abriera un muchacho larguirucho de mi edad y me invitara a pasar con una sonrisa. Richard me enseñó las dos estupendas habitaciones disponibles en el piso, en el que también vivían otras dos jóvenes profesionales. Y yo sólo necesité cinco minutos para decirles que estaba interesado, y que esperaba su respuesta pronto.
 
Esa respuesta, afirmativa, llegó al día siguiente. Kristina, que había estado al corriente de todo el proceso, se entristeció un poco, quizá contagiada por el tono de mi voz, aunque mayormente se alegró por mí. Kristina es lo más parecido a una familia que tengo en este país - no en vano es la persona con quien contactarían si algo malo me sucediese - así que mis últimos días como inquilino suyo tuvieron algo de ese sarpullido interno que son las despedidas, y que en mi caso no parece mejorar con el paso de los años ni la emigración. Con todo, pasé un fin de semana estupendo, en gran parte gracias a mi amigo Dani, que vino desde Londres en un coche alquilado, lo cual ahuyentó de un plumazo mis problemas con la mudanza. Dani fue el primero que se animó a subir conmigo a la Cabot Tower, desde la cual se indica la distancia con algunas de las ciudades más importantes del mundo. Y cuando llegó el momento, entré al salón y me senté en la alfombra sin saber a ciencia cierta cuál sería el protocolo de despedida de un niño al que nunca he oído dar los buenos días. Alex me miró pensativo por un instante, y luego soltó algo parecido a un gruñido burlón mientras me despeinaba y se reía. Y Kristina me convenció (no tuvo que insistir mucho) para que me llevara algo de cena, mientras intercambiábamos hojas de laurel murcianas por romero de su jardín y coincidíamos en que, trabajando a 5 minutos uno del otro, no sería muy difícil mantener el contacto.
 
Y de todo esto hace apenas una semana, justo el tiempo que he tenido para comenzar a acostumbrarme a mi nueva vida en la ciudad. Ir andando al trabajo, a hacer la compra, a las estaciones o a los centros deportivos, o poder salir por la noche sin que volver a casa se convierta en una cruzada, son comodidades recién adquiridas. Además, en mi nueva casa no hay gatos, ni se les espera, sino tres chicos de mi edad con los que he cenado algún día viendo Cómo conocí a vuestra madre o el torneo internacional de snooker. Este último show, o cualquier otro evento deportivo, lo encuentro puesto sólo cuando Richard está en el salón. Creo que vamos a llevarnos bien. Por lo demás, le he devuelto a Dani la visita en un finde intenso y divertido por los museos y bares por Londres en el que también pude reencontrarme con Milton, otro buen tío al que conocí en Murcia. Y este miércoles me han pedido que esté en casa por la noche, ya que una de las chicas se va a final de mes y van a venir varias interesadas en alquilar la habitación. Será curioso estar, sólo unas semanas después, al otro lado de ese casting informal. Mi casero, que vino el otro día, me vio recién llegado y, en un tono casi paternal, me insinuó que no me fijara solamente en las apariencias para elegir a la futura compañera de piso. Y luego se puso las dos manos en el pecho a modo de cuchara como si fuera a ordeñarse a sí mismo, para asegurarse de que el mensaje había llegado adecuadamente al receptor.

miércoles, 8 de enero de 2014

¿Has sido bueno, Alex?

Nadie vive la Navidad con tanta ilusión como los niños. Ellos sí que disfrutan intensamente cada detalle: las vacaciones, la familia, los dulces, y claro, los regalos. Y en esto último estaba pensando Alex de forma muy especial cuando madrugó el día 25 de diciembre y bajó frenéticamente las escaleras de su casa en Sea Mills, en la que hemos convivido estos meses. Pero su desilusión fue mayúscula al no encontrar nada debajo del arbolito de Navidad, y pronto dio paso a una zozobra incontenible que le azotó escaleras arriba hasta que, con los ojos arrasados de lágrimas, preguntó: "mamá, ¿es que este año no he sido suficientemente bueno?"
 
¿Qué episodios de 2013 le pasaron por la cabeza a este angelito durante el interminable trayecto de 14 escalones hasta el dormitorio de su mamá? ¿Quizá aquel día en el que iba en coche con mamá y aprovechó que las ventanillas estaban bajadas para gritar "hello, silly Billy!" a un conductor al que no conocía de nada? ¿O aquel otro en el que estábamos todos sentados en un concierto y comenzó a pasearse entre los bancos tapándose los oídos para dejar claro su veredicto de la actuación? ¿Tal vez aquella ocasión (¿o hubo más de una?) en la que metió a hurtadillas una tarántula de plástico en la cama de mamá a sabiendas de que ésta tiene miedo a las arañas? ¿O a lo mejor el día en que Cristina y Pedro llegaron a casa y nos recibió llamándonos caramonos a los tres? ¿O qué tal ese funeral en Alemania, cuando decidió aplaudir y vitorear una canción del coro ante la mirada severa de los demás asistentes?
 
En realidad, Alex había dado paso al llanto tan deprisa que no tuvo tiempo de reparar en que, un poco a la derecha del árbol, varios paquetes le aguardaban junto a la chimenea (Papá Noel, con las prisas, los dejó allí mismo y marchó a seguir con el reparto). Así que, apenas unos minutos más tarde, Alex volvía a ser el niño más feliz del mundo mientras desenvolvía con impaciencia hasta cinco regalos. El que más le gustó fue un pequeño kimono para iniciarse con su padre en el kárate. El abuelo materno, que pasó aquí la Navidad, aplaudió la idea: "ojalá le sirva para canalizar toda esa energía". Así de bien trata la vida a Alex. ¡Si hasta le salió el rey nada más probar un trozo de su primer roscón! A falta de buen comportamiento, él pone su granito de arena con un optimismo y una confianza inquebrantables que su madre ha sabido transmitirle. Kristina ya le ha contado que pronto me mudaré a otra casa en la ciudad y, aunque no entiende muy bien los motivos (intuye que los gatos y yo son como su madre y las arañas) su reacción ante la noticia fue así de simple: "bueno, así podrá venir a hacerme de canguro cuando tú no estés".




lunes, 30 de diciembre de 2013

Paparajotes

Ya llevo unos cuantos días de vacaciones por Murcia, durante los cuales he aprovechado para disfrutar a tope de la comida, el tiempo, la ciudad y, sobre todo, de la gente. Antes de venir tuve aún tiempo de asistir a la fiesta de Navidad de mi centro de trabajo, con un equipo humano de más de 400 personas. Eso exigía cierta organización, incluyendo una lista en la que cada asistente podía anotar voluntariamente su contribución al evento. En su visita hace unas semanas, Cristina y Pedro no sólo trajeron pasteles de carne a Bristol, sino también hojas de limonero recién cortadas de la huerta en la que mi padre se crió y de la que aún hoy sigue cuidando a diario con esmero. Así que, con todos los ingredientes necesarios, pude anotar mi aportación en el apartado de postres: paparajotes.

Mi intención de mantener la receta en secreto fracasó miserablemente. Estaba cantado, ya que la organizadora del evento era Claire, compañera de despacho y con la que ya tengo mucha confianza. Claire es la que está gestionando la acogida de una gata por parte de Kristina, así que me ha tocado preguntarle varias veces con un sentimiento ambivalente (me alegraré por ellos cuando el animalito llegue, pero no por mí, que soy alérgico). También me pidió ayuda con sus vacaciones románticas para que llamase al hotel en Riviera Maya y negociase en español los términos de la reserva para el fin de año. Así que, en cuanto vino a preguntarme qué eran paparajotes y yo quise mantener la intriga, su interés aumentó y decidió buscar la respuesta por internet. El problema surgió cuando trataron de descifrar una receta en español que contenía el verbo "coger", y para traducirla utilizaron un traductor online de español latino. Como Claire, la mayoría de mis compañeras de despacho rondan los 40, pero desgraciadamente no todas tienen su sentido del humor, por lo que alguien puso el grito en el cielo al encontrar la palabra fucking en una receta de cocina. La broma se me había ido de las manos, así que tuve que explicarles con pelos y señales el proceso de elaboración, y aun así creo que algunas no quedaron muy convencidas...

Y llegó el gran día, y yo lo empecé de mal humor, en parte por madrugar más de la cuenta, y en parte porque al principio la masa no tenía la consistencia necesaria, probablemente porque los ingredientes no eran los habituales - para rizar más el rizo, otra de mis compañeras preferidas (Sarah) es vegana, y me había comprometido a elaborar un postre sin ingredientes de origen animal. Kristina se ofreció para llevarlos en su coche después de dejar a Alex en la escuela, y al ratito me escribió diciendo que el esfuerzo había merecido la pena y que ya iba por el segundo paparajote. El resultado fue un éxito rotundo, aunque me olvidé de dejar un cartelito y una de las asistentes se comió también la hoja. Yo pude deleitarme con algunos aperitivos indios sabrosos y picantes rebajados con buenos vinos, aunque la mayoría de la comida que la gente había traído eran postres. Así que fue una dulce despedida de mis compañeros de trabajo, a los que podré saludar de nuevo en unos días. ¡Feliz 2014!

jueves, 19 de diciembre de 2013

Navidades en familia

La Navidad nunca ha sido mi época favorita del año, pero esta vez la estoy esperando con ganas. Muchas. Después de un trimestre trabajando a tope y sin un solo día festivo, el cuerpo me pide vacaciones. En ese tiempo no he hecho muchos amigos (¿seré yo? ¿Serán los ingleses? Ya hablaremos de esto otro día), así que espero con ilusión el reencuentro con mi gente. Como yo, casi todos en mi centro de trabajo tienen previsto volver a sus ciudades de origen para pasar la Navidad, y los que vienen de muy lejos y no se lo pueden permitir no logran disimular su tristeza. Yo estoy en el grupo de los afortunados, y más aún dado que hace unos días tuve como aperitivo familiar una visita muy especial: la de mi hermana Cristina y mi cuñado Pedro.
 
Aunque Pedro ya había estado antes en Bristol, para Cristina era la primera vez, de modo que nada más encontrarme con ellos hicimos la visita obligada en esta ciudad: el puente colgante de Brunel. Luego fuimos a cenar a mi casa en Sea Mills, donde Cristina y Kristina pudieron por fin conocerse y charlar un buen rato. También estaba correteando por allí Alex, ese pequeño hooligan con el que vivo, y que rápidamente le aclaró a mi hermana que la línea de celo sobre la alfombra del salón marca la frontera entre los juguetes LEGO y el mundo de los adultos (en realidad, ella me lo había preguntado antes a mí, pero yo no tenía la menor idea al respecto). Pedro puso al corriente a mi casera del grupo en el que había caído Alemania en el Mundial, y que luego sus amigos desde tierras germanas calificarían como "bah, fácil" (Alemania tiene a Portugal, Estados Unidos y Ghana como compañeros de viaje rumbo a los octavos de final, y todos ellos pasaron la fase de grupos hace 4 años). Y luego nos sentamos a cenar, yo con una sonrisa de oreja a oreja por tener a tan distinguidos invitados..., y porque el primer plato eran pasteles de carne!
Creo que a los dos les sorprendieron algunas cosas de la vida por aquí. No terminaron de entender eso de que los trenes lleguen tarde (o que lleguen muy tarde, o que ni siquiera lleguen) en el país de la puntualidad. También les impactó la poca iluminación de las calles, algo a lo que yo ya me he ido acostumbrando. Como a la lluvia, que nos acompañó durante buena parte del sábado mientras visitábamos Bath, con sus baños romanos y su mercado navideño atestado de gente. Mi hermana, que ya venía algo renqueante de salud, lo llevó algo peor, así que por la noche acabamos de nuevo en mi casa a las afueras, con mi casera gratamente sorprendida por nuestro cambio de planes y ejerciendo de madre con mi hermana. De modo que ya puede decirse que Cristina y yo compartimos madre biológica y madre de acogida, porque eso es lo que ha sido Kristina para mí durante estos meses. Y entre los recursos de mi casera y un generoso reposo, al día siguiente los cuerpos estaban listos para subir y bajar unas cuantas cuestas por la ciudad, esta vez bajo un sol radiante.

 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Un brote verde

Nada, no hay manera. Esta semana no he podido sacar un rato para sentarme a escribir una entrada en condiciones para el blog. En parte se debe al trabajo, que en las últimas semanas se ha incrementado considerablemente. Eso me ha llevado a echar horas extra casi a diario para intentar alcanzar los objetivos que Julian fijó para antes de las Navidades, y que él mismo ha reconocido últimamente que no eran muy realistas. Otros asuntos que me han absorbido recientemente tienen que ver con algunos cambios de cara al año que viene que espero que se concreten pronto. Y finalmente, y aquí viene la mejor parte, la vida social también ha sido intensa. Mi paisano Gonzalo me invitó el viernes a una fiesta internacional en el piso catorce de una lujosa residencia de estudiantes. Eso cubrió con creces mis expectativas para un fin de semana aquí sin visitas, pero he aquí que mi casera Kristina tenía como invitados estos días a un par de mellizos alemanes que han resultado ser tan majos como ella. Anoche acabé brindando con ellos con un buen vino español por mi primer aniversario como doctor, y hoy hemos ido a ver juntos la segunda parte de El Hobbit.
 
Pero lo que me ha animado de verdad a escribir una "entrada express" ha sido una noticia-reportaje de la BBC sobre Irlanda. En ella se recuerda que este país fue uno de los grandes afectados por la crisis de 2008, ya que el crecimiento del sector de la construcción había sido desproporcionado (¿os suena?). Cinco años más tarde, y después de ser rescatada financieramente, Irlanda está volviendo a crear empleo, y algunos indicadores como el precio de la vivienda sugieren que podría hablarse de una salida de la crisis. La noticia también destaca los costes que esta transformación ha requerido (pérdida de poder adquisitivo, emigración masiva de jóvenes), y en general el tono es cauteloso, ya que se considera que las tasas de desempleo aún son considerables (12.5% frente al 7.6% en el Reino Unido). Pero yo, que quizá lo veo todo más positivamente después de visitar la Tierra Media y derrotar a los orcos, he pensado que es una noticia esperanzadora, y por eso quería compartirla. Os dejo el enlace.
 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Familia española en Gran Bretaña

Mi segunda excursión por esta isla tuvo como escenario Oxford. A cualquier niño - y también a los que ya no lo somos - le gustaría pasear por esta ciudad señorial y acogedora y encontrarse con el mismísimo colegio Hogwarts de las películas de Harry Potter. De modo que, con alguna lectura de trabajo para el camino y con mi ilusión aventurera tirando de mí, emprendí la marcha para encadenar un total de siete trenes en un solo día. Si lo piensas con serenidad te da pereza y te quedas en casa, así que sólo puedo explicar esta paliza como ganas de hacer un viajecito y encontrarme con gente. Porque allí me esperaban Luis y su familia.
 
Luis es de las personas que se han ganado el derecho a elegir dónde quieren trabajar. Compañero y antiguo jefe, me contaba lo contento que está por haber vuelto otra temporada a Inglaterra, esta vez acompañado por su familia. Luis y los suyos han cambiado el coche por la bici, y también han aparcado por una temporada las incertidumbres para venir a un país donde todo funciona razonablemente bien. La gente puede resultar algo fría y distante, sí, pero para eso se tienen los unos a los otros, y por ello yo les envidio sanamente. Bueno, y hay otra cosa que tienen y que sin saberlo les hace la vida mucho más fácil, y es..., ¡¡¡una secadora!!! Sí, parece mentira, pero es el primer hogar de este país en el que he podido encontrar este electrodoméstico tan necesario en una zona del mundo como ésta. Yo no dispongo de semejante caja mágica, así que el mejor remedio que he encontrado ha sido convertirme en el hombre del tiempo, y organizarme de la mejor manera posible para elegir el día de la colada, que suele ser aquel día de la semana en el que brilla el sol y no llueve. La cosa se va poniendo peliaguda, ya que ahora el sol se pone a las 16 horas y las temperaturas van bajando, pero os dejo el pronóstico de la BBC en el que fue mi último "día de la colada."
 
Por lo demás, sigo viviendo en Sea Mills con Kristina y Alex, que le dan algo de aroma familiar a estos primeros meses de estancia. Los dos se han puesto muy contentos cuando les he dicho que este finde vienen mi hermana Cristina y mi cuñado Pedro. Kristina tiene ganas de conocer a alguno de mis parientes cercanos, ya que ha oído mucho hablar de ellos; y Alex tiene ganas de comprobar si su método de esconderse detrás de la cortina para dar un susto es igual de efectivo con ellos que conmigo, que ya he adquirido la costumbre de asustarme por las tardes cuando vuelvo de la uni. Dice Kristina que en la última visita a Hamburgo, hace sólo unas semanas, le advirtieron de que el niño ya habla alemán con acento inglés. Así es la vida. Y no será porque ella no pone empeño, hablándole casi siempre en alemán y leyéndole cuentos como el de la foto. No hace falta saber alemán para saber de qué trata, ¿a que no?


lunes, 25 de noviembre de 2013

Aventureros

Hace unos días me escribió mi compañero Trano contándome que ha encontrado un buen trabajo. Esas noticias siempre alegran, pero el caso de Trano es especial: nos conocimos cuando ambos estábamos empezando el doctorado, y hemos sido después compañeros de facultad al poco de acabarlo. Trabajamos en cosas parecidas, tenemos perfiles parecidos, y a los dos nos atraía la idea de probar suerte fuera dado que las oportunidades para los investigadores en España no son muy halagüeñas a día de hoy. Trano se va nada menos que a Canadá, desde donde quizá vaya relatando también sus aventuras en un blog. Yo lo animo desde aquí, se pasan buenos ratos escribiendo un blog: no hay presiones, no hay deadlines, nunca te rechazan los artículos...
 
La noticia de Trano y la gran aventura que ahora empieza para él me dio la idea de este post. No es el único aventurero del que he tenido noticias últimamente. En mi lista de blogs, donde con el tiempo he ido acumulando un poco de todo, añadí hace poco el de un bristoliano que está narrando su experiencia de 12 semanas en Sierra Leona. Lleva allí alrededor de un mes, escribiendo casi todos los días y contando cosas que le hacen a uno darse cuenta de que vivir es algo que se puede hacer de muchas maneras, y que cosas que aquí damos por sentadas en otros sitios son bienes preciados o incluso inalcanzables.
 
Pues sí, dos relatos que ilustran lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en aventuras: explorar lo desconocido. Aunque si lo pienso con más detalle, lo que para mí realmente define a una persona aventurera es la valentía, el coraje, la capacidad de sobreponerse a las dificultades. Esos valores están presentes en los protagonistas de estas dos historias, pero también en mucha gente que conozco, y me gusta pensar que cada vez más. Los tiempos que vivimos obligan a ello, desde luego. Por eso, desde aquí quiero rendir un pequeño homenaje a todos esos héroes del día a día, que encuentran trabajos donde parece que no hay, que hacen malabarismos con el tiempo y el dinero, que siguen encontrando motivos para esbozar una sonrisa y contagiar a los de su alrededor. Dicen que hace más el que quiere que el que puede, y yo creo que es verdad. Hoy en día, creo que muchas vidas son una pequeña aventura, así que os animo a compartir las vuestras. A mi correo le encanta recibir e-mails de gente conocida, y yo lo consulto con la misma asiduidad con la que ignoro el resto de medios de contacto. Y también están los blogs, ¿por qué no? Mientras tanto, yo os seguiré contando mis peripecias desde Bristol...

sábado, 16 de noviembre de 2013

Planes de finde

Dos meses después, algo parecido a la rutina empieza a asomarse por mi vida inglesa, y lo hace en forma de mucho trabajo, lo cual deja margen para poco más durante el resto del día..., o de la noche, ya que la luz natural se acaba ya en torno a las 17 horas. Por ello, los fines de semana se pillan con muchas ganas. Llevaba tiempo queriendo actualizar el blog, así que aprovecharé hoy este ratito para contaros cómo van los findes por aquí...
 
Este mes empezó con fiesta en España. Aquí el 1 de noviembre es laborable, y yo fui con mucha ilusión al trabajo sabiendo que ese viernes saldría un poco antes para ir a recoger a Brandon. Probablemente sea mi amigo más internacional: es canadiense (aunque hace poco le concedieron la nacionalidad irlandesa), nos conocimos en Holanda y actualmente trabaja en Suecia. Aprovechando que estamos muy cerca - según su concepto norteamericano de las distancias - se vino a pasar unos días en la isla para visitar a varios amigos en Londres y a mí en Bristol. Llevábamos más de tres años sin vernos en persona, pero parecía que no hubiera pasado ese tiempo. Lo llevé a tomar unas pintas, como no podía ser de otra forma, a The Canteen para ponernos al día. A Brandon le gusta el país en el que vive ahora (y las chicas), pero también piensa que la gente allí es muy fría, por lo que no tiene intención de prorrogar su contrato cuando termine el próximo verano. Está intentando aprender sueco, pero no parece un idioma fácil y, además, vive en un lugar donde casi todo el mundo habla inglés sin problemas, lo cual no le ayuda nada en su proyecto. Esa noche le presenté a varias personas a las que he conocido aquí, como mi amigo mexicano Alexandro, que nos acompañó en parte de la ruta del día siguiente. A Brandon y a mí nos encanta caminar y ver cosas, así que nos dimos una buena caminata y pude enseñarle casi todos los rincones que me gustan en esta ciudad. El tiempo estuvo "muy inglés", pero cuando acabamos el tour y reponíamos fuerzas en uno de los pubs más antiguos de Bristol, me dijo con voz solemne: "amigo, has venido a vivir a una ciudad preciosa".  
 
El pasado finde hice mi primera escapada desde que llegué aquí. El lugar elegido fue Londres, a menos de dos horas en tren, y donde vive desde hace más de dos años el upecetero Dani, al que tengo la suerte de conservar como amigo desde que fuimos compañeros en el instituto. Hace tiempo que tenía ganas de visitarle, y después de la experiencia seguramente no será la última vez. Dani vive en la Zona 1 de Londres, con su novia y otras dos chicas españolas. Su calle termina en Hyde Park, y allí fue donde comenzamos nuestro tour, que fue otra buena caminata. Yo sólo había estado en Londres un par de veces casi de pasada, así que Dani hizo una estupenda labor de guía y me llevó a lugares tan emblemáticos como el Buckingham Palace y el English Parliament con su archiconocida torre, entre otros. Pasé el finde rodeado de españoles, lo cual ciertamente echaba de menos, y pude experimentar por un par de días la vida en una gran ciudad, cogiendo el metro varias veces y encontrando espectáculos callejeros casi en cada esquina de las calles más céntricas. En esta época tiene lugar el encendido de las luces de Navidad en distintas partes de Londres, lo cual es todo un acontecimiento para el que traen a varios famosos. Nosotros vimos actuar, entre otros, a Emma, de las Spice Girls (en realidad, es la única a la que yo pude reconocer, lo cual me hace plantearme muchas cosas sobre mi vida). Gracias a Dani y los demás paisanos conocí también la cadena de pubs Wetherspoon, que para mí felicidad también está en Bristol. Y el domingo aún tuvimos tiempo de pasear por la City of London, bajo la siempre bienvenida luz del sol.
 
Y ahora, al tiempo que escribo esto, me espera otra interesante velada de pubs. Primero veré a Alexandro, el único amigo que tengo por el momento en el coro universitario al que decidí apuntarme. Luego esperamos unirnos al grupo de Pedro, uno de los murcianos que ya estaban aquí cuando yo llegué, y que seguro que tiene algún sitio interesante al que llevarnos...

 
 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Like a sir


Coincidiendo con las primeras vacaciones escolares de Alex, Kristina pidió unos días libres en el trabajo para emprender un emocionante (y agotador) viaje hasta Hamburgo y volver - hoy mismo - con el coche cargado hasta los topes. Por delante, más de 1000 kilómetros atravesando Bélgica y Holanda por carretera para ellos; y para mí, más de una semana para experimentar cómo es eso de vivir en tu propia casa en este país. Globalmente, diría que como aprendiz de sir el balance ha sido positivo. Mi to-do list incluía dejar la casa intacta, relacionarme con los vecinos de la zona, adentrarme en la cultura británica e invitar a alguien a tomar el té en casa. 3 de 4 al final.
 
El estrechamiento de las relaciones con los vecinos fue de menos a más. Kristina me había aconsejado que pasase a saludar a la mujer mayor de la casa contigua, y así lo hice. Como respuesta a mi improvisada y sonriente presentación obtuve un "ah, muy bien" y dos frases educadas antes de cerrar la puerta. Un comienzo gris y poco prometedor, y menos aún cuando ese mismo lunes me encontré con un temporal de lluvia y viento mientras se acercaba la hora de salir de trabajar, y yo sin abrigo ni paraguas. Entonces apareció Jan, vecina de barrio y de oficina, con las llaves de su coche en la mano y una cálida sonrisa mientras se ofrecía a llevarme a casa. Esta semana he vuelto dos días con ella, y he tenido oportunidad de contarle cómo me va por aquí y de escuchar algunas historias, no siempre alegres, sobre su vida y su familia.
 
La inmersión en la cultura inglesa la llevo bien también. Llegan cartas a mi nombre a casa, tengo mi abono de transporte y, como os comenté en otra entrada, ya he realizado los trámites básicos para iniciar una vida aquí. El avance de esta semana ha sido aprender a reciclar. El sistema tiene similitudes con el español, pero también diferencias. Por ejemplo, el cartón y el papel van a contenedores separados,, y el plástico que no sea transparente no se recicla. Los demás envases sí, pero se enjuagan antes de desecharlos (yo esto no lo había hecho en la vida, aunque supongo que es buena idea). También hay compartimentos para ropa y zapatos, y un contenedor para la basura orgánica. Y todo eso se saca a la calle cada miércoles por la noche. Los desechos que no entran en ninguna categoría van al contenedor negro tradicional. Este contenedor - quizá para asegurarse de que la gente se toma en serio eso de reciclar - sólo se recoge cada dos semanas.
 
¿Qué más? Aquí tuvimos huelga del sector educativo el jueves, una semana más tarde que en España. El principal motivo de queja son los salarios. Para más detalles, podéis mirar este enlace:
 
Y ya, para terminar, ejercí de anfitrión con Brandon, quien gustosamente aceptó un té al estilo inglés (con un poco de leche) en el desayuno. Esto ya lo dejaré para otra entrada. Si no conocéis o recordáis a mi buen amigo Brandon, mi otro blog está lleno de detalles sobre cómo nos conocimos en Holanda, y cómo fui a visitarle a Canadá tras apostar por el ganador del Mundial de Sudáfrica. Nunca me he alegrado tanto de perder una apuesta...

 
 

lunes, 28 de octubre de 2013

Una de clásicos

Después de la que hasta el momento ha sido mi mejor semana en el trabajo - o la primera sin demasiadas complicaciones, que viene a ser algo parecido - llegaba el finde, y con él un plan curioso. Resulta que Martyn, un amigo de Kristina, me había invitado a salir de pubs el sábado por la tarde. Mi casera, que es muy madrera, dio su aprobación, diciendo que me vendría bien conocer más sitios en el centro y que Martyn cuidaría de mí. Y yo, que aún no sabía con quién ver el Clásico y tenía el cuerpo con ganas de anécdotas, acepté sin dudarlo.
 
Así que el sábado, a eso de las 16:30, me encontré con Martyn en Gloucester Road, una calle famosa por sus pubs. En uno de ellos nos esperaba, pinta en ristre, un grandullón con la cabeza rapada que me llamó la atención nada más entrar por la puerta. "Este es Rob, que parece un tipo terrorífico, pero no es para tanto" dijo Martyn a modo de presentación, mientras Rob estrujaba mi mano mirándome fijamente y con semblante serio. Mientras a mí se me pasaba el susto, Martyn le contó que yo era español y que a lo mejor podríamos buscar un sitio donde ver el Clásico. Deduje que Martyn no era muy futbolero cuando le oí sorprenderse de que Messi aún siguiera en activo, lo cual le valió otra mirada penetrante de Rob, fiel seguidor del Blackburn Rovers. Luego se volvió hacia mí, me demostró que también sabía sonreír, y empezó a hablarme del Blackburn de los 90 y de Alan Shearer, al que yo recordaba vagamente por un juego de la Mega Drive. Con eso y con decirle que era del Madrid me gané un amigo y una pinta de Leffe, y al poco estábamos mano a mano viendo en su móvil el resumen de un partido de esa época, un ManU - Blackburn donde ya entrenaba Alex Ferguson. "Happy days", decía Rob suspirando...
 
Cuando cambiamos de bar, el partido había empezado ya y el sitio al que entramos estaba lleno. Oía voces de españoles por todas partes, pero trataba de concentrarme en lo que estaba contándome Rob. Para ponerlo más difícil, estaba en la zona de paso y constantemente me tocaban la espalda para que me apartase. Al rato Rob había vuelto de pedirse otra cerveza y era él quien estaba en la zona de paso, y entonces observé divertido cómo la gente dudaba mucho más antes de tocarle la espalda para que se apartase. A Martyn no le interesaba el partido, así que hablaba con las camareras, o con cualquier chica que pasara cerca suyo, y si le parecía cercana a mi edad intentaba presentármela con cualquier excusa poco convincente, seguramente porque así es como él entendía que había que cuidar de mí. En el descanso, el resultado no era el que queríamos y la señal inglesa mostraba a Gaizka Mendieta junto a los comentaristas británicos. Así se lo hice saber a Rob, que me contestó serio y mirándome fijamente que aquel era Michel Salgado, al que él recordaba porque también jugó un tiempo en el Blackburn. Acababa de ver el nombre de Mendieta superpuesto en la pantalla, pero preferí no llevarle la contraria a Rob. Supongo que vosotros en mi situación habríais hecho lo mismo, ¿o no?

viernes, 18 de octubre de 2013

Trámites

¿Cómo funciona la burocracia en el Reino Unido? Después de casi seis semanas aquí, creo que por fin he terminado con los trámites básicos. Ha costado, y eso que empecé ya en agosto, gracias a la excelente página de otro español, Ricardo, que recomiendo encarecidamente a cualquiera que esté planeando pasar un tiempo aquí (www.diariodeunlondinense.com). En esta web, por ejemplo, aprendí cómo solicitar una tarjeta SIM británica y que me llegara a Murcia sin coste alguno. El resto ya lo tuve que hacer aquí, claro, y de eso es de lo que voy a hablaros hoy...
 
Un trámite básico aquí es la solicitud del National Insurance Number (NINo), que a mí me hacía falta para cumplimentar mi alta como trabajador en el sistema británico. Yo esto lo tenía claro, pero un despiste de los míos me hizo llegar casi 15 minutos tarde a mi cita con la administración. El premio fue una mirada sulfúrica de la funcionaria que me iba a atender, o más bien a mandar a casa hasta la próxima oportunidad. Afortunadamente, su compañera de despacho estaba de buenas, y aceptó sonriente mis jadeantes disculpas mientras me sentaba. El papeleo duró casi media hora, aunque mi benefactora me repetía que el mío era un caso muy sencillo y que todo estaba perfectamente en regla. Le sorprendió que viniese con un contrato, y me habló de los muchos españoles que llegaban a su mesa sin trabajo (luego me crucé con un recepcionista español en la propia oficina, y pensé que probablemente no sería una casualidad). Como yo le daba conversación, me contó que lo que menos le gustaba era que tratasen de engañarla, como cuando un día llegó un matrimonio altamente sospechoso, hasta el punto de que ninguno de los dos era capaz de recordar el día de su aniversario. "Pero también hay casos divertidos a veces", me aclaró, y entonces me contó que, mientras entrevistaba a otra pareja un día, el marido declaró haber estado casado dos veces anteriormente, con la comprensible furia de su actual esposa que se estaba enterando del pastel en ese preciso instante...
 
Lo que más se ha hecho esperar por ahora ha sido la apertura de una cuenta bancaria. El primer paso consistió en una entrevista, previamente concertada, donde la duración y el grado de intimidad de las preguntas superaron a las del párrafo anterior. Mientras yo contestaba sorprendido a cuestiones como mi gasto alimenticio por semana o los detalles de mi trayecto de casa al trabajo cada día, el manager de la sucursal tecleaba mirando inexpresivo a un monitor que desde mi posición era totalmente opaco. Al terminar, me explicó que todavía les llevaría varias semanas comprobar mis datos bancarios en España, y que sólo entonces me podrían ofrecer una cuenta que incluyese una tarjeta de débito. Desde esa entrevista hasta que finalmente he recibido la tarjeta en casa ha transcurrido exactamente un mes. La espera ha sido larga, pero ahora por fin puedo realizar compras en libras sin sufrir las abusivas comisiones que me imponía mi banco español.
 
Finalmente, y ya que tengo intención de quedarme en Sea Mills una temporada, me he inscrito en el centro de salud del barrio. Para ello simplemente tuve que rellenar un formulario, y en él me impactó la pregunta "¿con qué frecuencia toma 8 o más bebidas en una sola noche?" Ante mi insistencia, la recepcionista me aclaró que se referían a cubatas, cócteles o pintas de cerveza (una pinta británica son 0,57 litros), antes de asegurarme divertida que hay ingleses que sobrepasan ese límite cada fin de semana. ¡Ah! Lo olvidaba, también me he inscrito en el censo de votantes, para poder votar en las elecciones europeas. Al menos, mientras los británicos decidan seguir formando parte de la Unión Europea...

lunes, 14 de octubre de 2013

Ciencia y alcohol

Aunque sigo echando un vistazo a los periódicos españoles cada noche (y eso incluye la crónica de Relaño en As, que no todo va a ser culturizarse), también estoy empezando a darles una oportunidad a los medios británicos. La BBC parece el más asequible, ya que está orientada hacia el exterior e incluye noticias internacionales en su portada. aunque para encontrar noticias curiosas es mejor bucear un poco en los otros. Una de esas noticias, que viene al hilo de la entrada anterior (no hablo por mí, claro), la tenéis en el siguiente link:
 
 
 Aunque en el texto no se cita el artículo de referencia, la idea parece ser la siguiente: emborracharon a 57 chinos, y después a cada uno le dieron una bebida distinta y observaron la duración e intensidad de los síntomas de la resaca. Al margen de las posibles limitaciones metodológicas del estudio, el concepto me pareció una genialidad. Por cierto, los que mejor lo llevaron al día siguiente fueron los que tomaron bebidas con burbujas, y en concreto Sprite. Así que nada, la próxima vez que vaya al Sainsbury's, me traeré una botellita por prevenir, no vaya a ser que siga haciendo amigos escoceses durante el fin de semana...

martes, 8 de octubre de 2013

El nudo Windsor al estilo escocés

Hoy os voy a contar la que quizá haya sido la noche más curiosa desde que estoy aquí. Hace algunos días, a mediados de semana, Kristina me habló de una amiga suya que cumplía 40 años y quería celebrarlo el sábado con una fiesta de disfraces, a la cual estaba invitado. Yo acepté, intuyendo que la mayoría de los asistentes serían británicos mucho mayores que yo y que irían más arreglados de lo que yo acostumbro. Para equilibrar un poco las cosas, el sábado por la mañana salí a explorar un pueblo cercano, y de paso compré traje y corbata de segunda mano por 20€ en una Charity Shop, que son un invento maravilloso de esta zona...

Bueno, pues algo antes de las 8 llegamos al bar, yo con mi traje y Kristina con un disfraz difícil de definir, y comenzamos a saludar a la gente. En realidad había dos cumpleaños a la vez, y era fácil reconocer a las cumpleañeras porque se habían vestido como si no quisieran que nadie las mirase a la cara esa noche. Las dos rondaban los 40, y el resto de la gente eran en general de esa edad o incluso mayores. La fiesta era en el piso superior, mientras que la planta baja del bar había un concierto con 3 grupos realmente ruidosos de chavales veinteañeros.

Kristina me presentó a las anfitrionas nada más llegar, y aprovechó para invitarnos a los tres a la primera pinta de cerveza (aquí la costumbre es que los invitados paguen las copas del cumpleañero/a). Cerca de mí había un grupo de hombres trajeados que me aceptaron en la conversación, y acabé hablando de fútbol con un aficionado del Tottenham que estaba bastante contento con el negocio de Bale, y que se marchó de repente. No me habían presentado a mucha gente más, de modo que decidí apurar mi cerveza e invitar a la siguiente ronda a Kristina. La barra estaba en la planta baja, así que estuve amenizado mientras tocaban los Death Pedals (Pedales de la Muerte) y observaba divertido las caras de desagrado de alguna elegante invitada a la que el camarero no había servido aún.

La noche fue avanzando, y yo seguía cerveza en ristre conversando con alguno de los asistentes. Estuve charlando un rato con una mujer mayor (aquí mayor quiere decir que tenía un hijo mayor que yo). Era agradable y la entendía bien, pero al rato paró la música abajo - para alivio de la mayoría de los asistentes - y decidí asomarme y comprobar si había terminado ya el concierto. Mientras observaba cómo los miembros del último grupo desmontaban, dos tipos que estaban junto a mí empezaron a hablarme. Resultaron ser dos escoceses majísimos, y estuve más de una hora con ellos. En ese tiempo, alguien me trajo otra pinta de cerveza y no me quedó otro remedio que seguir bebiendo, aunque ya muy despacio. Los escoceses bebían mucho más rápido y quisieron invitarme primero a cerveza y luego a whisky, aunque yo rechacé educadamente ambas invitaciones. Sin embargo, en un momento dado el camarero trajo tres vasos de whisky, y cuando saqué la cartera en medio de mi aturdimiento, uno de los dos me dijo con una sonrisa de oreja a oreja: "amigo, cuando estás bebiendo con escoceses, el dinero es cosa nuestra". Resultaron ser dos padres de familia que llevaban mucho tiempo sin salir y estaban realmente ilusionados por que brindáramos por nuestro encuentro, Decidí ser cortés y, aunque ya estaba servido, les di una alegría apurando mi vaso de buen whisky escocés. El brindis fue solemne, de esos en los que la gente se mira a los ojos y todos beben a la vez. Luego uno de ellos reparó en que el nudo de mi corbata no era muy ortodoxo, así que le cedí la corbata agradecido y me hizo un perfecto nudo Windsor en un periquete. Lamentablemente, iba ya bastante bebido - sin pretender aparentar que yo iba como una rosa después del whiskazo a palo seco. El caso es que no midió muy bien la operación, y un rato después me di cuenta de que la corbata me llegaba hasta casi la rodilla. Ante la insistencia de una de las anfitrionas, conduje a mis nuevos amigos al piso superior, e incluso pude presentarles a varias personas. Eso sí, menos mal que no intentaron arreglarle a nadie más el nudo de la corbata...

viernes, 4 de octubre de 2013

Aprender idiomas y no morir en el intento

Este domingo salí a cenar con Gonzalo, que es otro murciano que lleva aquí algún tiempo. Me llevó a un acogedor restaurante latino y allí, envueltos por una música que hablaba el mismo idioma que nosotros, nos pusimos a compartir experiencias con este caballo de batalla que es el inglés. Después de casi tres años aquí, Gonzalo me contaba que él sigue estudiando inglés, y que cada día se esfuerza por anotar nuevas palabras y enriquecer su vocabulario. Piensa que aún tiene mucho que mejorar, aunque a mí me pareció que tiene buen oído, ya que fue el único capaz de entender todo lo que nos dijo la camarera. Así se lo reconocí, y entonces sonriendo me contó que en sus primeros meses lo pasaba francamente mal para entenderse con los nativos bristolianos, que al parecer gastan un acento importante. Cuando comenzó a trabajar en su actual empresa le esperaba una charla con el jefe en su primer día. El hombre hablaba y hablaba, mientras él asentía acurrucado en su silla y deseando fervientemente que no vinieran preguntas a continuación (probablemente todos habéis vivido ya esto alguna vez, ¿verdad?). Y sin embargo, la pregunta llegó finalmente. El jefe quería saber si Gonzalo prefería trabajar con él o con su compañero. Mi amigo, con gesto solemne y serio, contestó con un rotundo "¡No!", ante el asombro de todos los que presenciaban la escena.
Además de entender a la gente, también es importante hacerte entender, claro. A veces no encontramos la forma de decir algo, olvidamos una palabra clave, o bien pronunciamos incorrectamente provocando que el mensaje no llegue adecuadamente al receptor; es más, algunas de estas pronunciaciones incorrectas generan situaciones muy divertidas, como la que viene a continuación. Esto ocurrió en el hotel The Washington de Bristol, en el que yo me he alojado en mis dos visitas previas a esta ciudad. El protagonista, un buen amigo de la Universidad de Murcia, llegaba para asistir a un congreso, y al hacer el check-in recordó que un colega chino también había escogido ese hotel. Prometiéndoselas muy felices, se acercó a la recepcionista, pero al plantear la pregunta no utilizó guy (tipo), sino gay. Algo confuso al ver la cara de póker que le observaba al otro lado del mostrador, todavía elevó el tono de voz para preguntar ante la jocosa mirada de los demás huéspedes: "¡Pero bueno!, ¿tan difícil es encontrar un chino gay en este hotel?"
En cuanto a mí, los que leísteis el otro blog sabéis que ya le he hecho algunos destrozos a la lengua de Shakespeare..., ¡y los que me quedan! Yo creo que la aptitud es importante para el aprendizaje de idiomas, pero que si a esta edad uno llega sin ser bilingüe, entonces lo fundamental es la actitud: tomárselo con calma, aprender a reírse de uno mismo y, desde luego, esforzarse mucho. Vivir en Reino Unido es todo un lujo cuando uno pretende mejorar su nivel de inglés, así que yo trato de sacarle partido a todas las oportunidades que se me presentan en el día a día, especialmente en el trato con los nativos. A veces ni siquiera necesito despegar los labios, y mientras estoy enfrascado en alguna tarea del trabajo se forma algún corrillo en mi sala de ingleses e inglesas con ganas de hacer un descanso informal. En mi sala esto ocurre casi a diario, ya que somos muchos, y ante su cortesía yo ya les he aclarado que no me molesta en absoluto; de hecho, tengo la sensación de que esos corrillos me están ablandando poco a poco el oído, y acostumbrándolo a los acentos de la gente de mi entorno laboral. Así que seguiré disfrutando de estos "marujeos productivos", a ver hasta dónde me llevan...