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sábado, 26 de julio de 2014

¡Hasta pronto!


Antes de salir rumbo a mis esperadas vacaciones de verano, quería escribir una última entrada que de alguna manera cerrase el capítulo de este primer año aquí. Este curso lo terminaré volviendo a Murcia para tostarme en la playa durante el mayor tiempo posible, aunque antes de eso voy a pasar unos cuantos días en Hamburgo. No os preocupéis, voy con buenos guías...
 

Echando la vista atrás, me vienen muchos buenos momentos de este primer curso en Reino Unido. Aquí he encontrado gente maja para jugar al fútbol...

 
Para explorar algunos pubs de la ciudad...
 
 
Para hacer escapadas a algunos lugares emblemáticos del país...
 

A veces sin ni siquiera salir de Bristol...

E incluso algunos de mis queridos murcianos han venido a visitarme y a conocer mi vida por aquí...


Así que nada, os dejo en buena compañía, la misma que yo he tenido durante todos estos meses. Que disfrutéis del verano y, si no os veo en agosto, seguimos en contacto por aquí. ¡Hasta pronto!


martes, 15 de julio de 2014

Un final y una primera vez

El pasado domingo, algo antes de las 7:30, llegaba yo a Sea Mills para ver la final del Mundial 2014. Kristina, sonriente y con una bandera alemana pintada en la mejilla, había preparado una cena sabrosa acompañada de cervezas alemanas de importación, por si acaso teníamos alguna duda acerca de cuál debía ser nuestro equipo favorito. Por supuesto, Ronaldo se posicionó inmediatamente a favor de Argentina, mientras que los demás apostamos por la victoria de Alemania. Kristina me contaba entre risas que se siente aliviada desde que Alba ha venido a pasar el verano con su novio Ronaldo, ya que al parecer mi amigo portugués se ha terminado llevando bien con Alex. "Demasiado bien", asegura Kristina mientras los ve cuchicheándose al oído y mirándonos con una sonrisa que no augura nada bueno. Kristina está contenta con la nueva pareja de inquilinos que cuidarán de la casa durante su ausencia este verano, y me dice en tono de broma que está preocupada ante la posibilidad de que Alex se convierta en alguien como Ronaldo de mayor. Mi amigo se defiende diciendo que él ha aprendido muchas más palabrotas en inglés de Alex que a la inversa, y que el otro día le tuvo que contar que iba a venir la policía a llevárselo detenido para que dejara de hacer diabluras. Al final del partido, Alemania es campeona por cuarta vez y todos felices. Sobre todo la anfitriona, claro.
 
Los domingos por la noche no hay trenes entre Sea Mills y el casco urbano de Bristol, así que Kristina se ofreció amablemente a llevarme a casa. Se mostró satisfecha cuando le conté que al día siguiente presentaría mi primer trabajo en el Centro, algo que me imponía bastante respeto apenas unos meses atrás. Pero hay un factor que me ha hecho cambiar de opinión, y es que mi oído para el inglés se ha agudizado sensiblemente desde que llegué aquí. Es difícil cuantificar el grado de mejoría, pero de repente he sido consciente de que empiezo a entender muy bien los distintos acentos de los nativos que me rodean. Cada vez me siento más cómodo en eventos de habla inglesa, y con ello se va cumpliendo uno de los grandes objetivos que me fijé antes de comenzar esta etapa de mi vida.
 
Así que, para darle un poco de suspense a la situación, hoy lunes me he levantado con dolor de garganta, tosiendo y, claro, de un humor de perros. Con todo, me las he arreglado para llegar a la hora de la presentación con una compostura razonable, gracias a esos pequeños remedios y cuidados que mis padres tenían para mí cuando era niño y que ahora que ya no lo soy me aplico yo mismo. Y la presentación ha salido bien, siguiendo el guión que tenía marcado sin demasiados problemas. Entonces he ocupado mi asiento en la primera fila para dar paso a la segunda ponente de la sesión, y creo que en ese momento mi cuerpo ha entendido que ya no era necesario contenerse por más tiempo, desencadenando una tos irritativa para la audiencia, para mí y para la ponente que estaba apenas a dos metros de mí mirándome de reojo con cara de circunstancias. La puerta de salida estaba demasiado lejos, así que he optado por contener la respiración y tragar saliva, y aunque he logrado frenar la tos el efecto secundario ha sido un enrojecimiento paulatino de mi cara hasta que la ponente me ha mirado fijamente preguntándose si debía detener la presentación para que atendieran a ese extranjero desconocido. Para entonces, a mí ya se me habían saltado las lágrimas y temblaba ligeramente. Después de una mueca, la chica ha decidido con buen criterio proseguir su exposición, ignorando a ese tipo extraño que recobraba la normalidad poco a poco de conmoverse ante su presentación del Modelo Lineal Mixto.
 
 

domingo, 22 de junio de 2014

Ronaldo en Bristol

Ronaldo llegó en la madrugada del martes al miércoles a la ciudad de Bristol, con su sombrero vaquero y una sonrisa de oreja a oreja mientras se aproximaba a su amigo español con los brazos abiertos. Se disculpó por el retraso de más de una hora y aprovechó para agradecerle en persona los trámites realizados para que tuviera un número de teléfono inglés y una cita para conseguir el National Insurance Number al día siguiente de su llegada, ya que eso debería facilitar su misión de pasar el verano trabajando en Bristol. Llevaba casi todo el día sin comer y compró un kebab en el puesto de unos turcos, de los que pronto se hizo amigo. Y para que Jose se tranquilizara y viera que tenía un plan para subsistir, le mostró el contenido de una de las bolsas, en la que llevaba 4 cartones de tabaco portugués para venderlo en el Reino Unido. La respuesta un suspiro y una cara de circunstancias.
 
A la mañana siguiente, aún cansado por el viaje y las pocas horas de sueño, Ronaldo asistía durante el desayuno a una explicación pormenorizada de los trámites del día. Su cara tenía esa expresión distraída de los alumnos durante una clase que no les interesa particularmente y que esperan que nunca les hará falta en la vida. Jose hizo especial hincapié en la conveniencia de llegar puntual a la entrevista para el National Insurance Number en Swindon, ya que los funcionarios británicos suelen ser poco flexibles con los ciudadanos que se retrasan. Un rato después, Ronaldo estaba montado en un tren en dirección contraria a la del lugar de la entrevista, y llegó allí media hora más tarde de lo acordado. Sin embargo, con su don de gentes rápidamente se hizo amigo del guardia de seguridad ghanés, consiguió que le atendieran y hasta se permitió alguna broma sobre la actuación de Inglaterra en el Mundial que a punto estuvo de costarle un disgusto.
 
Por la tarde, se hizo la hora de que Jose saliera del trabajo, y juntos fueron a un bar cercano para ver fútbol. Allí les esperaba Kristina, que buscaba alguien dispuesto a cuidar de su gata y su jardín mientras ella estuviese fuera. Ronaldo tenía experiencia en ambas labores y quería alquilar una habitación en una casa donde pudiera mantener conversaciones interesantes, así que no fue difícil que llegasen a un acuerdo. Después de cerrar el trato tuvo lugar la prematura eliminación de España en el  Mundial ante Chile. Ronaldo, que nunca ha visto ganar a Portugal una competición internacional, aconsejaba a Jose no ser demasiado crítico con esos chicos que habían dado tantas alegrías a los españoles durante los últimos 6 años.
 
Del resto de la semana, podríamos destacar que Ronaldo cenó en Sea Mills el jueves, y que allí conoció al "pequeño terrorista", que es como ha decidido bautizar a Alex. Y que, sin ni siquiera tener un CV traducido al inglés, el viernes tuvo su primera entrevista de trabajo y ganó la competición por el puesto a tres ingleses, por lo que fue citado para el lunes para recibir formación en su nuevo puesto como recaudador de fondos para una ONG. Por la noche lo celebraron con unas cervezas, y como en el lugar también buscaban un camarero, Ronaldo se acercó a interesarse por la vacante. Sin embargo, tenía el ánimo bromista y terminó elogiando y acariciando la barba del encargado del bar ante la mirada divertida de Jose y sus compañeras de trabajo; para entonces, estas últimas entendían por qué Jose les había dicho que "tampoco hacía falta que Ronaldo encontrase un trabajo precisamente en su mismo centro". Y antes de trasladarse a su nueva residencia en Sea Mills, Ronaldo aprobó que se escribiera sobre él en este blog. A fin de cuentas, no es la primera vez...
 
 

martes, 3 de junio de 2014

Yo quiero referéndum

Aquí os dejo el link de una petición que acabo de crear en Change.org para que la decisión de seguir con monarquía o dar paso a la república la tomemos todos los españoles, y no solamente los 350 "representantes" del Parlamento:
 
Y aquí van mis motivos:
 
1) Decidamos entre todos: yo no sé si es mejor una monarquía o una república en la España actual, y sinceramente no tengo una preferencia clara; sin embargo, para mí lo mejor es que esta decisión la tomemos entre TODOS los españoles
 
2) Democracia real: es en este tipo de situaciones donde, a mi juicio, se ve en qué grado de democracia vivimos. Esto a su vez tiene varios puntos que me han ido indignando lo suficiente como para escribir esta entrada:
     - Los grandes partidos políticos vienen a decir que van a respetar su "tradición monárquica". Y yo me pregunto, ¿a esto se le llama representar a los ciudadanos?
     - En los periódicos españoles también se da por hecha la sucesión, y hay que bucear para encontrar menciones a las manifestaciones en la calle donde la gente pide el referéndum. Pero de esto me he tenido que enterar por medios extranjeros. Aquí van ejemplos de Reino Unido y Argentina. Como decía una amiga en Facebook, ¿notáis alguna diferencia con los periódicos de España?
     - En última instancia, sinceramente no entenderé que llamemos democracia a nuestro sistema actual si en un momento así no permiten que los españoles decidan qué sistema quieren para su país.
 
3) Seamos imparciales: he creado una nueva petición porque en las que he encontrado las fotos no eran imparciales (fotos de la bandera republicana, una foto de la Familia Real con cara de muermo y además con el infame Urdangarín en una esquina).
 
Para terminar, un epílogo tranquilizador para esta "entrada indignada". Creo que a España le puede ir bien con cualquiera de los dos sistemas, ya que tenemos un príncipe con la preparación y entereza necesarias para ser rey de los españoles, y también un pueblo mucho más culto e informado que el de la Segunda República, a la cual la historia no deja en buen lugar. Para algunos, si este tipo de acciones no logran su propósito entonces son totalmente inútiles; a mí, que no tengo grandes esperanzas de que esta iniciativa prospere, me gusta pensar que la recompensa está en la acción misma, en expresar lo que uno piensa razonadamente y hacer lo que está en su mano.
 

sábado, 31 de mayo de 2014

Visitando Escocia y, claro, la Décima

Hoy ha sido uno de esos días de suerte en los que he coincidido con buena gente al bajar al comedor del mi centro de trabajo. Les contaba que tengo la sensación de que mi vida aquí hasta hace poco más de un mes se ha parecido bastante a la hibernación de los osos, mientras que ahora se me juntan viajes, visitas (este finde también viene gente) y planes al aire libre en una ciudad con cada vez más horas de luz y a veces hasta buen tiempo; y yo voy haciendo malabarismos con todo, ya que la carga de trabajo también va aumentando conforme voy aprendiendo cosas nuevas. Así que, una vez que he descubierto esta parte de la vida en Reino Unido, y dado que la experiencia profesional aquí está respondiendo a mis expectativas, ya me va gustando más la idea de pasar aquí una temporada...
 
El finde pasado me tocó visitar a mi amigo Juanma, otro investigador murciano emigrado que trabaja en Dundee. Yo conocía la ciudad por el equipo de fútbol (para que luego digan que no se aprende nada viendo deportes), pero Juanma me contó también que de allí partió la primera expedición hacia el Polo Sur, y que aún se conserva el barco que transportó a los tripulantes, el Discovery. Como yo, pude comprobar que mi amigo también se las ha arreglado para rodearse de gente maja en su nueva ciudad.

  

Sin embargo, la mayor parte del viaje transcurrió en Glasgow, que es una ciudad donde según parece pasan muchas cosas y no todas buenas. Yo llegué el primero al hotel sin saber nada de esto, aunque luego eché en falta algún aviso en Google Maps del tipo "esta es la ruta más corta, pero el riesgo de apuñalamiento se quintuplica a la vista de los sucesos de las últimas semanas". En realidad, el motivo de nuestra estancia allí era una actividad llamada Go Ape (hazte macaco), que consistía en tirolinas y actividades de todo tipo subidos a los árboles. Yo no estaba preocupado por la altura, ya que estábamos bien sujetos en todo momento. Tampoco me preocupaban los mosquitos, a pesar de que aún tengo marcas de las picaduras. Lo único que me inquietaba seriamente era la hora de comienzo: sábado a las 5 de la tarde...
 
Y aquí llega mi historia de cómo vi la Décima. Tarde, en primer lugar, ya que para cuando terminamos de subirnos a los árboles y encontramos un pub en el pueblo (el único, tal vez), estaba a punto de comenzar la segunda parte. Juanma y James, inmunes a la pasión futbolística, habían accedido a acompañarme al pub para ver el resto del partido. Unas señoras locales que estaban sentadas a mi izquierda me identificaron rápidamente como español y aprovecharon para practicar conmigo un poco de vocabulario, lo cual me ayudaba a ignorar el hecho de que el final se iba acercando y el Real no conseguía marcar. Al poco comenzó a hablarme el tipo de mi derecha, que se presentó como Danny y, como la mayoría de escoceses a los que pude tratar, me pareció un tipo encantador al que tenía serias dificultades para entender. Juanma, que lleva un año viviendo en Escocia, se divertía con la escena y se acercó para susurrarme al oído que le encantaría poder ponerle subtítulos al tío con el que estaba hablando. Eso no fue óbice para que, con el gol del empate, nos fundiéramos en un fraternal abrazo de alivio. En la prórroga, mientras yo me comía las uñas, Danny, que iba bastante borracho, me contaba que había visto en directo al Real ganando su novena Champions en Glasgow. Incluso tenía tiempo para probar suerte con las mozas que pasaban por su lado de forma tosca y directa, recibiendo a cambio algo parecido al mal de ojo. La poca receptividad de las féminas del lugar se compensó con las alegrías futbolísticas de la prórroga, que las hubo, así que yo me llevé todos los abrazos esa noche antes de convidar con un buen whisky escocés a mis amigos.
 
No es más que un juego para entretener, pero el fútbol levanta pasiones capaces de unir a los desconocidos y de dar motivos para celebrar de vez en cuando. También genera disputas, yo diría que menos, y a veces da disgustos, pero a mí se me olvidan pronto. Y sí, cuesta mucho dinero, y eso ya es más difícil de defender en los tiempos que corren... Pero a pesar de todo, yo espero con muchas ganas el comienzo de la competición más importante del fútbol, y quizá de cualquier deporte: la Copa del Mundo. Ahora vienen por delante varias semanas para pasarlo bien, sea cual sea el resultado. ¡A disfrutarlas!
 


martes, 20 de mayo de 2014

Visita, elecciones y la vida por aquí

Este finde vinieron a visitarme varios amigos de Londres, quizá la ciudad con más atracciones turísticas de toda Europa. Eso me motivó a preparar una buena agenda de sábado y domingo, tanto que mis invitados se quedaron prendados de esta ciudad que tan bien me ha acogido desde mi llegada. Bueno, no todo el mérito es mío; las temperaturas por encima de 20º y el sol sin atisbo de nubes en todo el fin de semana también hicieron su parte. Os dejo esta foto como prueba..., bueno, y también porque me hizo gracia la cara de Dani mientras hace un selfie. Además de pasear e hidratarnos bien todo el día (ya me entendéis), también conseguimos llevar a cabo la hazaña de encontrar un bar donde ver el Barça-Atlético, que se jugaba a la misma hora que la final de la Copa inglesa. El ambiente no defraudó, y como todos éramos rojiblancos aquel día, salimos muy contentos. Enhorabuena al Atleti por volver a ganar la Liga 18 años después y demostrar que el deporte es algo más que un negocio donde siempre ganan los ricos. Ahora falta la Champions, donde gane quien gane creo que saldré contento. Como madridista, recuerdo con ilusión la última Copa de Europa que el Real levantó en Glasgow hace 12 años. Y es precisamente allí donde iré este finde, para visitar a mi amigo Juanma y completar este trepidante mes de mayo... 
 
Como sabéis, esta semana tenemos las Elecciones Europeas. Como me censé nada más llegar aquí, a mí me ha llegado la papeleta para votar en Reino Unido, y eso es lo que haré. Aquí las encuestas dan por ahora como favorito al Partido Británico de la Independencia (UKIP), que está a favor de que el Reino Unido salga de la Unión Europea. Yo he decidido que votaré a los liberal-demócratas, que son el único partido que se atreve abiertamente a defender la idea de que un Reino Unido dentro de la UE sigue siendo la mejor solución para ambas partes. Como emigrante europeo trabajando en UK, supongo que es una postura fácil de entender. Además, el otro día me di cuenta de que nunca he votado a un partido que haya acabado ganando las elecciones, y parece que ésta es una buena forma de continuar la tradición... Mi dirección en el registro sigue siendo la de Sea Mills, así que otro aliciente para ir a votar es el de ver de nuevo a Kristina y Alex. La última vez que los vi fue a la vuelta de mis vacaciones de Semana Santa. Había una fiesta con hinchables en el barrio y Alex me saludó con la cara pintada de mono, dedicándose después a hacer toda clase de diabluras mientras Kristina y yo nos poníamos al día. Estaba tan revoltoso que se perdió entre la multitud y nos tocó separarnos para buscarlo. Yo lo encontré primero, y me cogió la manita con cara de niño bueno para que lo llevara con su mamá...
 
Aparte de ellos, mi amigo y antiguo compañero de coro Alexandro se ha mudado a mi nuevo barrio con un compatriota que acaba de llegar al país, así que ahora es más fácil vernos. Al que veo casi todos los días en el trabajo es a mi compañero George, con quien a veces me voy a tomar un "café en español". Nosotros lo llamamos así, aunque en realidad es una excusa para pasar un buen rato juntos mientras repasamos algo de vocabulario y él se arranca con alguna frase en mi lengua materna. Ni siquiera encontramos un hueco todas las semanas, pero se está corriendo la voz y cada vez hay más gente que me pide que los avise para venir con nosotros a practicar. Y en casa tengo a Richard. Siempre encontramos algún rato durante la semana para adueñarnos del salón a ver deportes mientras hablamos de todo un poco. Hace unas semanas mejoré mis conocimientos sobre snooker viendo el Campeonato Mundial con él; el viernes por la noche disfrutamos de un partido de tenis en el que los dos apoyábamos fervientemente a Rafa Nadal, yo por ser mi deportista favorito y él por un odio visceral al rival de ese día (Andy Murray, escocés, jeje). Y hoy me saludaba aliviado diciendo que finalmente podrá ver entera la carrera de Fórmula 1 del próximo domingo. Si sale más tarde es posible que tenga que ir de pie en el tren hasta Londres, pero para él merece la pena con tal de no perderse el Gran Premio de Mónaco...
 
 


viernes, 16 de mayo de 2014

Ronaldo, Lisboa y el fútbol

Este finde fui a Lisboa a visitar a mi amigo Ronaldo. Él ya me visitó en Murcia apenas unos días antes de comenzar la era bristoliana, y pronto formará parte también de mi aventura por aquí, ya que se viene a buscar trabajo este verano. Conociéndolo, estoy seguro de que lo encontrará. Apareció por primera vez en mi vida hace dos años, cuando estábamos los dos estudiando en Bélgica durante unos meses. Yo había aterrizado en el país apenas unas horas antes, y al escuchar mi acento español en la sala de espera del servicio de alojamiento, se levantó con los brazos abiertos y una amplia sonrisa mientras se presentaba como "mi hermano portugués". Ronaldo tiene una forma de ser que no deja indiferente a nadie. Es capaz de hablar de historia con la pasión y el detalle de mi paisano Arturo Pérez Reverte, y también de mostrar la actitud ante la vida de Santiago Segura en El Gran Vázquez. Esa mezcla ha resultado en un finde muy entretenido, en el que hemos terminado conociendo y charlando con gente en casi todas partes. Suelen decirnos que somos muy distintos, pero desde que nos conocimos nos tratamos con cariño y respeto mutuo, lo cual suele ser una garantía para que la gente se lleve bien. Podría contaros muchas anécdotas, pero me quedaré con la de una china a la que conocimos en Sintra y que unos minutos después nos decía: "pensaba que los portugueses eran reservados y que los españoles estaban locos, pero ahora pienso que es justo al revés".
 
Ahora que ya os he presentado a Ronaldo, pasaré al segundo objetivo de la entrada: ¡que vayáis todos y todas a Lisboa, que está aquí al lado y es preciosa! Sé que es una obviedad, pero nunca había estado en un país tan parecido a España como Portugal. Y como a mí me encanta España, y más ahora que se ha convertido en mi lugar de vacaciones, pues pasé un finde estupendo en el país vecino. Aquí os dejo algunas fotos...
 
 
 







Para terminar, hoy toca hablar un poco de fútbol. ¡Qué año tan bonito para los amantes de este deporte! Siempre habrá unos más de acuerdo que otros con esto, claro, pero lo cierto es que no es habitual vivir un final de liga tan apretado como el de este año en Inglaterra y en España. Los españoles tenemos reciente la alegría de ver al Sevilla campeón de la Europa League, y de fondo está ese derby madrileño en la final de la Champions League. Y entre ellos, los seguidores del Real Madrid, al que siempre se le dieron mal los equipos alemanes, hemos disfrutado viendo cómo caían en cada ronda el Schalke 04, el Borussia Dortmund y el Bayern de Múnich. Algunas victorias fueron tan contundentes que se me ocurre que los nombres adecuados serían Schalke 16 y Bayern 04. Ahora el Madrid puede ganar la Décima, y enfrente estará ese Atlético heroico capaz de hacer frente a los mejores con un presupuesto mucho más bajo. La pena es que solamente puede ganar uno... Aproveché el viaje a Lisboa para visitar el (¡rojiblanco!) estadio del Benfica, donde se jugará ese partidazo. Y antes de eso, otra verdadera final para decidir quién se lleva la Liga. Y en unas semanas, el debut de España en el Mundial... Buena perspectiva, y más aún porque podré ver todos esos partidos con buenos amigos o familiares españoles a mi lado. Para empezar, este finde viene de visita el londinense Dani. Habrá que tratarlo bien, para hacer honor a lo que Ronaldo denominó "hospitalidad ibérica". Me gusta el término, sí señor...
 

martes, 8 de abril de 2014

Residente en Reino Unido

Hace poco volví a Londres para pasar el fin de semana. La cercanía y los amigos que viven allí hacen que de vez en cuando simplemente "toque" una visita. Esta vez dormí en casa de Milton y Lorenza, que son un par de aventureros que han terminado viviendo en este país y formando una pareja encantadora. Lorenza es italiana, aunque vivió varios años en Estados Unidos, y ha aprendido español gracias a Milton; y mi amigo es de Ecuador, aunque estuvo en Murcia unos años antes de que el trabajo escaseara y decidiera cambiar de nuevo de aires, y está mejorando su inglés en parte gracias a su novia, que de vez en cuando nos cambiaba el idioma de la conversación. Acompañado por ellos taché la National Gallery de mi lista de museos londinenses por visitar, y comprobé que en esta ciudad tiene sentido viajar 20 minutos en metro para tomar un café de 15 minutos; de hecho, puede ser la única opción si uno quiere ver a un buen amigo como Dani.

Precisamente Dani me había acompañado el día anterior para cumplir con el propósito "oficial" de la visita: registrarme como residente en el Consulado Español en Londres. Muy convenientemente para mí, el Consulado está muy cerca de la estación de Victoria, a la que llega el bus desde Bristol. Y no tan convenientemente para los contribuyentes españoles, está situado en el carísimo barrio de Chelsea, que se caracteriza por los coches de lujo, las boutiques selectas y los áticos lujosos al estilo El Lobo de Wall Street. El edificio era bonito, eso sí. Como llevaba todos los documentos en regla, el trámite fue rápido, así que ya soy a todos los efectos residente en Reino Unido. Eso da que pensar, desde luego, y uno se pregunta si puestos a emigrar, he ido a parar a un buen sitio. Pensándolo bien, yo diría que la vida se ha portado bien conmigo: aquí todo ha cambiado para mejor desde que adelantamos los relojes una hora, con días más largos, menos lluviosos y con temperaturas más agradables. Yo aún seguiré en esa tendencia ascendente cuando, esta misma semana, adelante otra hora mi reloj y ponga rumbo a Murcia para pasar allí unas merecidas vacaciones...
 
Pero antes de eso, hoy quiero profundizar un poco en la cultura que me rodea por estas tierras, y para ello he seleccionado unas cuantas viñetas (podéis encontrar más en el siguiente enlace: http://www.lgpcards.co.uk/postcards.html). Me han hecho gracia y, aunque unas son más exageradas que otras, todas las que he incluido tienen algo de verdadero en mi opinión. Vamos allá...
 
Empezaré por las formas, que aquí se cuidan muchísimo. Los ingleses utilizan una sonrisa y entonación estándar en la gran mayoría de sus conversaciones. Para muchos es extremadamente importante saludar y preguntar cómo estás, para que les contestes que "bien, gracias", les devuelvas la pregunta, ellos te den idéntica respuesta..., y luego nada más, si acaso alguna queja acerca del tiempo. Sin exagerar, he presenciado o participado ya en centenares de conversaciones así. Supongo que de ahí les viene a los habitantes de esta isla su fama de flemáticos: mantener la compostura siempre, pase lo que pase. Por eso en esta primera viñeta aparece un hombre ahogándose y pidiendo ayuda a gritos, mientras el señor inglés y su perro pasan de largo. Error. La actuación correcta, según los autores, sería interpelar al transeúnte con una sonrisa y un "disculpe, señor. Siento muchísimo molestarle, pero me preguntaba si le importaría ayudarme un momento, siempre que eso no suponga un problema, por supuesto". Lo sé, te estás ahogando, pero ¡fíjate qué bien dispuestos están ahora el señor y su mascota, ya les puedes pedir lo que necesites!
 
En esa misma línea, los ingleses se lo piensan muy mucho antes de insultar o criticar a alguien abiertamente. Dicho en otras palabras, mienten como bellacos. En esta escena hay una pareja claramente descontenta por la calidad de la comida que les han servido en el restaurante. El hombre se queja de que su carne está tan dura como unas botas viejas, y de que el vino es pésimo y ni siquiera del tipo que había pedido, mientras que la mujer afirma que el pescado está insulso, la guarnición está fría e incluso hay un gusano en la ensalada. Pero cuando llega el camarero a preguntarles si están disfrutando la cena, los dos se deshacen en elogios con su mejor sonrisa. Por si os parece una barbaridad, os diré que los camareros suelen pasarse por las mesas durante la cena para preguntar a los clientes (con más frecuencia que en otros países, diría yo), y que yo estuve en una escena casi calcada hace sólo unas semanas cuando pedimos unas "hamburguesas especiales" que alguno ni siquiera se pudo acabar...
 
Otro aspecto que da mucho juego, como ya he comentado alguna vez, es el idioma. Hay algunas cosas que conviene aprender lo antes posible, es lo que en esta viñeta llaman el "inglés de supervivencia". El ejemplo es el de un turista que está en el metro de Londres escuchando incesantemente el aviso "mind the gap". Está intrigado porque no entiende a qué se refiere esa advertencia, aunque no tardará en averiguar que se trata del hueco que suele quedar entre el vagón y la acera...
 
Puedo decir por experiencia que las conversaciones telefónicas en inglés dan lugar a muchos malentendidos, sobre todo en los primeros meses. En esta viñeta hay un hombre preocupado porque pidió una habitación con camas gemelas, pero parece que ha habido una confusión...
 
Y qué decir de la vida nocturna... Un aspecto que llama la atención enseguida es ver cómo, en pleno invierno, los ingleses y (sobre todo) las inglesas se pasean los sábados por la noche con vestidos de palabra de honor con minifalda y camisetas de manga corta. De ahí el asombro del protagonista de la viñeta, que está concluyendo que los británicos son más calurosos de lo que él pensaba, mientras el portero no deja entrar a una chica por ir demasiado abrigada.
 
Siguiendo con la marcha, los británicos tienen una (muy merecida) fama de beber como cosacos. Este diagrama presenta la proporción de masa corporal destinada al almacenaje de alcohol en un bebedor continental promedio (izquierda) y en un bebedor británico voluminoso (derecha). Abajo hay una nota de salud y seguridad que dice: "los extranjeros NO deberían intentar copiar nuestra forma de beber. Los británicos se han ido acostumbrando a ello tras muchas generaciones; sin el entrenamiento adecuado, esta práctica puede tener consecuencias desastrosas para constituciones físicas más endebles".
 
Para terminar, mi favorita. El mensaje de esta viñeta es que, dejando a un lado el tiempo, la comida, el alojamiento, la campiña, la gente y el idioma, ¡estoy pasándolo genial aquí! Curiosamente, esta postal la vi por primera vez hace tres años, y me hizo tanta gracia que decidí comprarla como recuerdo chistoso de mi visita a... Bristol. La vida se porta bien conmigo, lo he dicho antes, pero también me gasta bromitas de vez en cuando...








sábado, 22 de marzo de 2014

Elgar: The Kingdom

Como ya he comentado alguna vez, a las pocas semanas de estar aquí decidí apuntarme a un coro de la universidad. Estuve algún tiempo cantando en varios coros de Murcia y me gustó la experiencia, así que pensé que sería una buena manera de conocer gente maja y disfrutar de la música clásica. Vamos por partes...
 
Comenzando por la gente, creo que el coro es un buen ejemplo de las fuertes diferencias que he observado a menudo entre la forma de relacionarse socialmente aquí y en España. Después de cantar casi nueve años en tres coros diferentes de mi tierra, tenía claro que a los coros va gente que lo pasa bien no solamente cantando, sino también charlando o saliendo después con los demás compañeros. En los coros a los que pertenecí antes la gente se quedaba hablando tranquilamente al terminar los ensayos, se organizaban cenas y a menudo había algún viaje de fin de curso. Por eso me sorprendió que tras las primeras semanas me costase arrancarle a duras penas un saludo a la persona que había estado cantando a mi lado durante hora y media. Poco a poco me he ido convenciendo de que no es nada personal, sino simplemente que los ingleses tienen vidas más "compartimentalizadas" que las nuestras: en el coro, llegan puntuales y se marchan nada más terminar el ensayo, sin prisa pero sin pausa; en el trabajo, salen de pintas los viernes cuando alguien lo organiza, y con las mismas cada uno sigue con su vida. Y así sucesivamente. Los primeros meses no lo llevaba muy bien, y si la cosa ha ido mejorando ha sido porque mi estilo de vida es algo más "inglés" ahora, y sobre todo porque he ido encontrado gente con ganas de pasar tiempo conmigo "no solamente cuando toca, sino simplemente porque sí". Uno de ellos es el mexicano Alexandro, al que conocí precisamente cantando. Si antes comentaba que en general la experiencia en este coro no ha sido muy intensa socialmente, también es justo decir que Alexandro se ha convertido en mi mejor amigo aquí y que sólo por eso los cinco meses y medio de ensayo han merecido la pena. Pero pasemos a la segunda parte...
 
En el plano musical, la apuesta del coro no me ha decepcionado para nada. Hemos pasado todo este tiempo preparando una sola pieza: el oratorio para coro, orquesta y solistas El Reino, del compositor inglés Edward Elgar, que pone música a varios pasajes de la Biblia posteriores a la muerte de Jesucristo. A mí no me sonaba el nombre en absoluto, pero aquí Elgar es una celebridad, hasta el punto de que su rostro aparecía en los billetes de veinte libras. A medida que el concierto se acercaba y el coro empezaba a cantar algo parecido a lo que el maestro había escrito, Alexandro y yo terminamos dándole la razón a los ingleses. Sobre todo después de escuchar esta grabación en YouTube:
 
 
Y así llegamos a la semana pasada, cuando se acercaba definitivamente el día del único concierto de la temporada y tocaba montar las piezas. El martes tuvimos el primer ensayo conjunto con la orquesta, y el viernes se unieron tres de los solitas. Era la víspera del concierto, y el único consuelo que me quedó mientras daba vueltas inquieto en la cama fue que aún teníamos un último ensayo para tratar de pulir todos los errores y ofrecer al público una versión aceptable de una pieza tan bella. El sábado 15 estuve nervioso durante toda la mañana y me senté a comer sin hambre (cosa rara en mí, aunque una explicación alternativa es que las 12:15 no es la mejor hora para comer lentejas). El ensayo de la tarde fue tranquilizador (la siesta posterior también hizo su papel), y cuando salí al escenario me sentía afortunado por poder formar parte de un espectáculo así. Desde mi alejada posición detrás de la orquesta de más de 40 miembros y al final de un coro de más de 100, pude distinguir a Julian, mi supervisor del trabajo. La actuación tuvo momentos sublimes y, tomada en su conjunto, sonó mejor que cualquier ensayo previo, así que esa noche me acosté emocionado, satisfecho..., y agotado. En este link se pueden descargar los archivos de audio correspondientes a las cinco partes de nuestro concierto (solamente estarán disponibles hasta el 3 de abril):
 
 
Si queréis disfrutar de la obra, os aconsejo que pinchéis el enlace de YouTube, ya que es una grabación profesional y con músicos profesionales. Pero si tenéis curiosidad por escuchar algún trocito de nuestra versión, os recomiendo la Parte 3, que es la más pegadiza (?), y la Parte 5, que fue la que mejor sonó. Y nada más, ¡con la música a otra parte!
 

 

domingo, 9 de marzo de 2014

Tu cara me suena

La primavera está llegando a la ciudad, y nos ha sorprendido con el primer finde completamente soleado que recuerdo en mucho tiempo para celebrar mis primeros 6 meses aquí. La semana ha estado muy animada socialmente (y lo que queda), así que estos días no ha habido sesiones intensivas de guitarra ni tiempo para escribir relajadamente algo para el blog; como mucho, he sacado algún ratito para repasar las partituras del coro, ya que tenemos el concierto que llevamos meses preparando el próximo sábado y nos espera una semana de ensayos maratonianos con la orquesta. Pero bueno, seguro que acaba surgiendo el momento para volver aquí y contaros unas cuantas peripecias...
 
Mientras tanto, os dejo una anécdota. Se trata de la visita del presidente del Partido Popular Europeo a Dublín hace apenas unos días. No sé mucho acerca de tal partido, ni tampoco caí al ver el nombre del ponente. Pero esa cara..., ¿de qué me suena a mí esa cara?
 
Los idiomas, esa fuente inagotable de anécdotas...

viernes, 28 de febrero de 2014

Trabajo: George, mailing lists y problemas con los USA

Como cada semana, he pasado un buen puñado de horas en mi despacho, que es una zona diáfana y espaciosa donde también trabajan varios investigadores ingleses y una serbia que lleva aquí más de 20 años. Podría escribir cosas buenas acerca de todos ellos, pero como primer personaje para el blog me quedo con la última adquisición. Se llama George, es nigeriano y llegó hace un mes con su familia procedente de otra universidad del norte de Inglaterra. Me cuenta con solemnidad que su país es la nación negra más poblada del mundo, y que el idioma oficial es el inglés, que coexiste con varias docenas de lenguas tribales. Pronto captó mi atención por su risa franca y ruidosa, que contrasta inevitablemente con la cortesía flemática y distante de muchos ingleses. A pesar de su talante desenfadado, George es un estupendo profesional con varios estudios prestigiosos en su haber, pero eso lo he sabido por otras personas. Todas las semanas nos buscamos varias veces para contarnos qué tal nos va o compartir alguna anécdota. Incluso me ha descubierto un nuevo estilo musical: el afrobeat.
 
Una fuente constante de noticias y novedades, algunas interesantes, son las mailing lists de la facultad. En la lista genérica, a la que pertenecemos los más de 400 trabajadores de este centro, se publican anuncios de toda índole. Casi todos los días leo correos de gente pidiendo referencias acerca de otros gremios (fontaneros, ópticos, dentistas, tasadores inmobiliarios...) y recomendando a (o previniendo contra) ciertos profesionales. También son frecuentes campañas de caridad como la de mi amiga Claire, destinada a unos caballos en estado de salud preocupante en Méjico, o la de una mujer que estaba reclutando gente para dormir a la intemperie esta noche como muestra de apoyo a los sin techo (y estos días han bajado algo las temperaturas). Gracias a esta lista yo encontré alojamiento temporal y tuve la suerte de conocer a Kristina, compré una guitarra casi nueva hace unas semanas y, hoy mismo, he ido a un concierto de jazz gratuito que me ha dejado con la boca abierta. A veces hay mensajes menos interesantes, como avisos de averías o sencillamente alguien que ha perdido su taza del té. Y de vez en cuando escribe un compañero griego al que George y yo tenemos ganas de conocer en persona para echar unas risas. Seguro que es buen chaval. Supimos de su existencia un día en que alguien estaba pidiendo sugerencias originales para titular un artículo que sería enviado a una importante revista científica, y él propuso un diminutivo que en realidad se utiliza aquí de manera coloquial como insulto racista. Al día siguiente, el mismo muchacho escribió un alarmante mensaje anunciando que había olvidado su memoria USB en la ducha y que necesitaba recuperarla urgentemente, ya que contenía información "altamente confidencial".
 
Hablando de correos y de información confidencial, hoy terminaré con una anécdota algo rocambolesca. Hace casi tres meses que espero un pago de una asociación que está en Noruega, pero que opera financieramente desde Estados Unidos. En realidad es una suma simbólica, y lo será aun más cuando me apliquen las dichosas comisiones por cambio de divisa, pero al menos me ha generado una batallita para el blog. Resulta que ayer me escribieron para informarme de que el pago se estaba retrasando porque mi nombre aparece en una lista negra de un banco estadounidense.
- "Bienvenido a los sistemas de vigilancia universal - me decía un tal Eamonn desde Noruega. Avíseme si está interesado en conocer más detalles acerca de este asunto. ¡Yo ciertamente lo estoy!"
Sin saber muy bien la impresión que se estaba formando de mí aquel nórdico, me apresuré a pedir que verifiquen que el nombre coincide exactamente con mi nombre completo, y que de ser así pasaríamos a comprobar el número de pasaporte (aunque Eamonn no tiene por qué saberlo, viví 3 meses en Tennessee, y a estas alturas me empezaban a pasar ideas algo paranoicas por la cabeza). Pero hoy tenía un mensaje conciliador de Eamonn, quien me pedía paciencia mientras el asunto se aclaraba e incluso compartía conmigo la historia de un senador estadounidense que no pudo subir a un avión por un asunto similar poco después del 11-S, y también la de un amigo suyo que vivió en Italia y tuvo la mala suerte de compartir nombre y apellidos con un capo de la mafia, lo cual le reportó un despertar más agitado de la cuenta cuando la policía creyó haber localizado a "su hombre". Me ha parecido majo este Eamonn, así que le he contado la historia del día que fui a poner una denuncia en Murcia y casi acabo arrestado porque mi nombre coincidía exactamente con el de un maleante del Puerto de Santa María. Y he terminado diciéndole que no sé lo común que será su nombre en Noruega, pero que probablemente en España y en Reino Unido él estaría totalmente a salvo...

 

lunes, 24 de febrero de 2014

Ese famoso artículo del New York Times

Hace apenas unos días, el afamado diario New York Times publicaba un reportaje dedicado a la cultura española que no tardó en cruzar el charco. Los periódicos españoles - los que yo consulto, al menos - se hicieron eco de la noticia, y entre la charla con mi amigo Gonzalo mientras veíamos el fútbol este miércoles y varias reseñas de mis amigos en las redes sociales a lo largo de la semana, pensé que el asunto tenía cierta trascendencia. Así que busqué el citado reportaje y después de leerlo me quedaron algunas reflexiones que quiero compartir con vosotros. Por cierto, aquí lo tenéis por si queréis echarle un vistazo:

http://www.nytimes.com/2014/02/18/world/europe/spain-land-of-10-pm-dinners-ponders-a-more-standard-time.html?hpw&rref=world&_r=0

En primer lugar, me animé al ver que España aparecía retratada en el reportaje como uno de los países más productivos de Europa, según la agencia Eurostats. Esta noticia me alegró doblemente, ya que por un lado estoy acostumbrado a escuchar (que no compartir) el estereotipo de que los españoles somos vagos y de poca utilidad en el trabajo, y que nuestro hábitat natural son las discotecas a altas horas de la madrugada; y por otro lado me había alarmado tanto al leer algunas de las reacciones al reportaje que estaba esperando encontrar casi un ataque frontal a los españoles. Pero no, no es eso lo que dicen los datos de Eurostats, de los cuales Pablo Prieto hace un audaz análisis en el siguiente enlace:

http://www.huffingtonpost.es/pablo-prieto/desmontando-mentiras-hoy-_b_2018783.HTML

Ahora bien, en este artículo se cuestionan abiertamente los horarios de nuestro país, con especial atención a la siesta en mitad del día. Empezando por el final, creo que existe una imagen algo distorsionada del hábito de la siesta fuera de España que no se corresponde con la realidad. En el reportaje se habla de la siesta como una costumbre prácticamente obligatoria; sin embargo, la mayoría de los profesionales que yo conozco no duermen la siesta durante la semana, y quienes lo hacen suelen pertenecer a sectores donde se desempeñan labores físicas que aconsejan un descanso en mitad de la jornada (albañiles, trabajadores a pie de campo, peones industriales) o bien a profesiones liberales donde los horarios son más flexibles o solamente se trabaja hasta las 15 horas. Yo identifico la estampa de los albañiles durmiendo la siesta como algo típicamente español, y no creo que sea un mal vicio que haya que desterrar. Cuando a los médicos españoles se les pregunta por la siesta, suelen describirla como un hábito natural y con efectos beneficiosos si se practica con la duración adecuada. Aquí van algunas pautas:

http://www.sabervivir.es/salud-al-dia/noticias-de-salud/dormir-la-siesta-no-mas-de-30-minutos-y-en-el-sofa

Lo de los horarios creo que merece más atención. El reportaje menciona jornadas laborales hasta las 20 horas, que hacen difícil eso de la conciliación de la vida laboral y familiar de la que tanto se habla últimamente. También se incide en el retraso del prime time en los medios de comunicación hasta alrededor de las 22 horas (curiosamente, relata el autor, esta costumbre tiene sus raíces en la dictadura de Franco), lo cual hace que muchos españoles (un 25%, según una encuesta) estén aún delante de la pantalla después de medianoche. Esto ya me suena más ajustado a la realidad, tanto en relación a las jornadas laborales de sol a sol - que son aún frecuentes en la empresa privada española - como en lo que respecta a los espectáculos televisivos nacionales (fútbol, series, reality shows...) los cuales rara vez comienzan antes de las 22 horas. Así son las cosas, y supongo que si así siguen es porque la gente está contenta. Yo al final me ciño a menudo al "donde fueres haz lo que vieres", y he llegado a quedar para cenar a las 17:30 en Holanda o a las 23:00 en España. Creo que es bueno ser flexibles, y me pregunto si llegara el día en que pueda proponer una cena a las 20 horas sin que a algunos de mis amigos españoles se les caiga el alma a los pies...

Para terminar, lo que menos me ha gustado de este reportaje es que está basado en criterios puramente económicos; ese enjuiciamiento de nuestra siesta después de comer o de nuestra afición a sentarnos a cenar cuando otros europeos se están poniendo el pijama, obedece únicamente a la preocupación por que eso afecte a nuestro rendimiento en el trabajo al día siguiente. El autor de este reportaje no se pregunta cómo afectan los horarios españoles a la salud de los ciudadanos o a la calidad de las relaciones interpersonales. Es una pena. Creo que cualquier sociedad debería estar estructurada para maximizar el bienestar de las personas, y no su contribución al producto interior bruto. Eso es lo que afirma y defiende firmemente en su último libro Pedro Jara, con quien os dejo - en muy buena compañía - hasta la próxima entrada.

http://regeneraconsciencia.org/tag/el-mundo-necesita-terapia/

viernes, 14 de febrero de 2014

Capeando el temporal

Como habréis visto en las noticias, el tiempo en Gran Bretaña ha sido bastante desapacible últimamente. Aquí la BBC lleva varios días hablando de accidentes debidos al temporal, trenes cancelados, recomendaciones de no viajar a no ser que sea estrictamente necesario... La peor parte se la llevaron algunas localidades costeras como Cornualles, que está a poco más de 200 km de aquí, donde las inundaciones han dejado intransitables muchas calles e incluso han obligado a evacuar a varios vecinos de sus casas. El finde pasado estaba viendo un avance de la BBC en el lugar y en un momento dado el reportero hizo una conexión con su compañera del tiempo para saber el pronóstico para los próximos días. La muchacha, con una mueca de resignación, comentó que el pronóstico era..., más lluvias. Y yo pensé que no me gustaría trabajar como hombre del tiempo en un país como éste...
 
Que en Inglaterra no siempre hace sol y calorcito no es algo que os vaya a enseñar yo esta noche. Los mismos ingleses se quejan del tiempo casi a diario, creo que en parte como forma de romper el hielo en las conversaciones. La verdad, con tanto que había oído, a mí hasta se me está haciendo llevadero después de unos meses. En Bristol tenemos viento y lluvia, a menudo en perfecta combinación. A mí eso me parece bastante soportable. Lo de la lluvia era algo que tenía asumido, y tiene su lado positivo para mí: me espera una primavera sin grandes problemas de alergia. Si me dan a elegir prefiero ver más el sol y pasarme los tres meses estornudando, claro, pero no hay mal que por bien no venga. En cuanto a las temperaturas, estamos teniendo entre 5 y 10 grados durante el día, lo cual viene a ser un invierno suave a mi juicio. Paula, mi nueva compañera de piso, no está totalmente de acuerdo. Paula lleva unos meses en Bristol aprendiendo inglés para obtener un certificado de idioma y luego buscar trabajo como dentista. Hoy ha vuelto de visitar a su familia en Gran Canaria y me la he cruzado por la calle con sus dos amigas sevillanas, las tres pertrechadas con guantes, bufanda y capucha de forro polar. Es bueno encontrarse con paisanos por aquí, siempre veo en ellos cosas que me recuerdan a mi familia y amigos. Hace poco organizaron una cena española en casa que dio lugar a que Richard y yo no tuviéramos que cocinar nada durante dos días.
 
Así que lo del frío es relativo, pero lo de la lluvia es algo palpable, al menos en esta ciudad. En el día a día, la mayoría de ingleses ni siquiera llevan paraguas, sino un abrigo impermeable con capucha. Yo hace tiempo que adopté esa costumbre, después de que el viento destrozara mi paraguas plegable recién comprado en un tiempo récord. Y como compensación, siempre queda tomarse unas vacaciones en algún rincón del mundo con un clima más benigno. Eso fue lo que debió pensar Olivia, mi otra compañera de piso, que ha decidido pasar la Semana Santa en Australia. A primera vista, me pareció que Olivia sería perfecta para una película de terror dirigida a estudiantes de inglés: habla despiadadamente rápido, con un fuerte acento y va a casi todos sitios con prisa y con aspecto de haber dormido mal la noche anterior. No pasa mucho tiempo en casa, así que la primera conversación larga con ella la tuve en un pub el viernes pasado, donde nos explicó que últimamente las cosas no le han ido demasiado bien. Sin embargo, hoy me ha alegrado verla radiante mientras nos explicaba, algo nerviosa, que en un par de meses va a volar sola por primera vez, y nada menos que al otro extremo del planeta. A Richard se le ponían los dientes largos, y yo sonreía pensando que para entonces también estaré de vacaciones en otro rincón soleado del que me acuerdo todos los días...
 
 

domingo, 2 de febrero de 2014

Richard

Sábado por la noche en casa, ¿qué me está pasando? Lleva todo el fin de semana lloviendo a cántaros (o como dicen los ingleses, lloviendo gatos y perros) y en el salón de mi nueva casa se está cómodo y calentito. También ayuda el haber estado casi toda la semana de viaje y levantándome entre las 4:30 y las 6 de la mañana. Y tenía ganas de añadir otra entrada, así que me he traído el portátil al salón donde Richard está viendo la tele. Richard me había invitado a salir con sus amigos esta noche, pero le he contagiado mi pereza y ahora está plácidamente ocupando un sofá con sus casi dos metros de estatura. Es lo más parecido que tengo a un amigo inglés después de vivir casi cinco meses en Inglaterra, así que os voy a hablar un poco más de él hoy...
 
Richard tiene un año más que yo y trabaja como ingeniero en Bath, adonde va todos los días en su moto, a menudo desafiando las condiciones meteorológicas de lluvia, viento y frío (aunque frío no nos ha hecho mucho por ahora). Eso es algo muy inglés, como también lo es engullir cada día un sándwich insulso a mediodía. Él, sin embargo, lo compensa con cenas copiosas y bastante elaboradas. Tiene que alimentarse bien, ya que va al gimnasio varias veces a la semana y está siguiendo un programa especial para tratar de ganar masa muscular y poder apuntarse a un equipo de rugby dentro de unos meses, una de sus pasiones. Yo también he aprovechado mi nueva localización para apuntarme al gimnasio, así que un tema del que Richard y yo hablamos a menudo son las agujetas, que en su caso son debidas a grandes esfuerzos y en el mío a una especie de alergia corporal a las pesas por ligeras que sean...
 
Richard tiene abandonada en su habitación una guitarra eléctrica imitación de la de James Hetfield, cantante de Metallica. Cuando la descubrí por casualidad acabamos hablando y descubriendo que tenemos gustos musicales parecidos. Me la prestó de buena gana, y yo la he cuidado bien hasta devolvérsela ayer después de haberme comprado una guitarra acústica de segunda mano que suena espectacular. Ahora dice que le han entrado ganas de volver a tocar, supongo que en eso comparto la culpa con su novia Sofía, que estaba delante durante el préstamo temporal y le animó a retomar la música. Sofía es griega y viene a veces los fines de semana. Sus visitas son agradables, ya que es una chica inteligente y sensata con la que da gusto conversar.
 
Otra cosa que tenemos en común Richard y yo es que nos encanta ver deportes por la tele. El pasado finde estábamos muy pendientes del Open de Australia de tenis, y hoy hemos estado entretenidos con el comienzo del torneo Seis Naciones de rugby. Este deporte es completamente nuevo para mí, así que Richard me ha explicado pacientemente varias reglas mientras comíamos viendo el Gales-Italia. Ha sido un buen calentamiento, ya que después jugaba Francia contra Inglaterra, y en el pub nos esperaba Lisa, nuestra ya ex-compañera de piso. Lisa es francesa, y ha necesitado apenas unos minutos para enemistarse con todo el pub, lleno de ingleses cantando el himno a pleno pulmón, tras celebrar valientemente el primer ensayo de Francia, que se ponía 5-0 en el marcador. Teníamos una despedida de soltero muy cerca nuestro a la que no paraban de llegar pintas de cerveza rubia y negra, así que el ambiente ha sido interesante. Los ingleses, muy comedidos al principio, poco a poco se iban sintiendo eufóricos conforme Inglaterra remontaba y la cerveza se abría paso hacia el estómago. En un momento dado estaban cantando góspel, mientras Richard, que volvía a saborear la cerveza después de adoptar la aquí popular costumbre del "enero seco", me miraba divertido. Finalmente Francia ha ganado por dos puntos, pero Richard estaba contento porque habíamos visto un buen partido. Los chicos de la despedida también, porque seguían llegando cervezas a la mesa y, a falta de victorias deportivas, había en la sala una francesa bonita y aguerrida a la que adular...


martes, 21 de enero de 2014

Una segunda emancipación

A modo de introducción: cuando aterricé en casa de Kristina, recién llegado a Bristol en septiembre, mi idea era pasar allí unas pocas semanas mientras encontraba algo en la ciudad, idealmente cerca del trabajo. Pero las cosas no siempre salen como uno planea, y mis primeras semanas transcurrieron mayormente entre días largos y extenuantes en la universidad, al final de los cuales sólo tenía ganas de volver a mi casa en las afueras. Allí me esperaba generalmente alguna ocurrencia de Alex, y a menudo alguna conversación interesante con mi casera alemana durante la cena, así que con el tiempo no me pareció tan malo eso de coger el tren cada día para volver con mi familia de acogida. Los fines de semana se volvían más incómodos, eso sí, y cuando comencé a utilizar los autobuses nocturnos encontré un ambiente poco halagüeño a bordo. Y así llegó diciembre, con el anuncio de la llegada inminente de un adorable mamífero capaz de hacerme estornudar hasta en sueños. Fue por entonces cuando descubrí que muchas habitaciones se quedaban libres con la entrada del nuevo año, así que, con una miaja de pesambre, decidí retomar el plan inicial.
 
Pasemos al método: a mediados de diciembre, me puse manos a la obra y comencé con una búsqueda exhaustiva en el portal de anuncios clasificados Gumtree. Después vino la criba de más de 400 anuncios, a la que sobrevivieron 15, y todo este proceso fructificó en 5 visitas a menos de una milla de mi trabajo durante mi entretenido último finde antes de volver a Murcia por Navidad. En 4 de esas visitas pedí tiempo para pensarlo: una habitación muy pequeña en un piso donde querían una respuesta lo antes posible, un cuarto espacioso pero muy viejo en un piso compartido con una mujer maniática y su familia, un cuarto amplio y razonablemente nuevo en la caótica casa de una familia china con un niño monísimo de un año, y un piso de un dormitorio encantador, pero algo alejado de mi trabajo y de mi presupuesto, y además sólo disponible temporalmente. Cuando me dirigía al quinto lugar el domingo por la tarde caía una lluvia nada desdeñable aderezada con viento lateral, y yo había llegado antes de la hora acordada, así que me reconfortó que me abriera un muchacho larguirucho de mi edad y me invitara a pasar con una sonrisa. Richard me enseñó las dos estupendas habitaciones disponibles en el piso, en el que también vivían otras dos jóvenes profesionales. Y yo sólo necesité cinco minutos para decirles que estaba interesado, y que esperaba su respuesta pronto.
 
Esa respuesta, afirmativa, llegó al día siguiente. Kristina, que había estado al corriente de todo el proceso, se entristeció un poco, quizá contagiada por el tono de mi voz, aunque mayormente se alegró por mí. Kristina es lo más parecido a una familia que tengo en este país - no en vano es la persona con quien contactarían si algo malo me sucediese - así que mis últimos días como inquilino suyo tuvieron algo de ese sarpullido interno que son las despedidas, y que en mi caso no parece mejorar con el paso de los años ni la emigración. Con todo, pasé un fin de semana estupendo, en gran parte gracias a mi amigo Dani, que vino desde Londres en un coche alquilado, lo cual ahuyentó de un plumazo mis problemas con la mudanza. Dani fue el primero que se animó a subir conmigo a la Cabot Tower, desde la cual se indica la distancia con algunas de las ciudades más importantes del mundo. Y cuando llegó el momento, entré al salón y me senté en la alfombra sin saber a ciencia cierta cuál sería el protocolo de despedida de un niño al que nunca he oído dar los buenos días. Alex me miró pensativo por un instante, y luego soltó algo parecido a un gruñido burlón mientras me despeinaba y se reía. Y Kristina me convenció (no tuvo que insistir mucho) para que me llevara algo de cena, mientras intercambiábamos hojas de laurel murcianas por romero de su jardín y coincidíamos en que, trabajando a 5 minutos uno del otro, no sería muy difícil mantener el contacto.
 
Y de todo esto hace apenas una semana, justo el tiempo que he tenido para comenzar a acostumbrarme a mi nueva vida en la ciudad. Ir andando al trabajo, a hacer la compra, a las estaciones o a los centros deportivos, o poder salir por la noche sin que volver a casa se convierta en una cruzada, son comodidades recién adquiridas. Además, en mi nueva casa no hay gatos, ni se les espera, sino tres chicos de mi edad con los que he cenado algún día viendo Cómo conocí a vuestra madre o el torneo internacional de snooker. Este último show, o cualquier otro evento deportivo, lo encuentro puesto sólo cuando Richard está en el salón. Creo que vamos a llevarnos bien. Por lo demás, le he devuelto a Dani la visita en un finde intenso y divertido por los museos y bares por Londres en el que también pude reencontrarme con Milton, otro buen tío al que conocí en Murcia. Y este miércoles me han pedido que esté en casa por la noche, ya que una de las chicas se va a final de mes y van a venir varias interesadas en alquilar la habitación. Será curioso estar, sólo unas semanas después, al otro lado de ese casting informal. Mi casero, que vino el otro día, me vio recién llegado y, en un tono casi paternal, me insinuó que no me fijara solamente en las apariencias para elegir a la futura compañera de piso. Y luego se puso las dos manos en el pecho a modo de cuchara como si fuera a ordeñarse a sí mismo, para asegurarse de que el mensaje había llegado adecuadamente al receptor.

miércoles, 8 de enero de 2014

¿Has sido bueno, Alex?

Nadie vive la Navidad con tanta ilusión como los niños. Ellos sí que disfrutan intensamente cada detalle: las vacaciones, la familia, los dulces, y claro, los regalos. Y en esto último estaba pensando Alex de forma muy especial cuando madrugó el día 25 de diciembre y bajó frenéticamente las escaleras de su casa en Sea Mills, en la que hemos convivido estos meses. Pero su desilusión fue mayúscula al no encontrar nada debajo del arbolito de Navidad, y pronto dio paso a una zozobra incontenible que le azotó escaleras arriba hasta que, con los ojos arrasados de lágrimas, preguntó: "mamá, ¿es que este año no he sido suficientemente bueno?"
 
¿Qué episodios de 2013 le pasaron por la cabeza a este angelito durante el interminable trayecto de 14 escalones hasta el dormitorio de su mamá? ¿Quizá aquel día en el que iba en coche con mamá y aprovechó que las ventanillas estaban bajadas para gritar "hello, silly Billy!" a un conductor al que no conocía de nada? ¿O aquel otro en el que estábamos todos sentados en un concierto y comenzó a pasearse entre los bancos tapándose los oídos para dejar claro su veredicto de la actuación? ¿Tal vez aquella ocasión (¿o hubo más de una?) en la que metió a hurtadillas una tarántula de plástico en la cama de mamá a sabiendas de que ésta tiene miedo a las arañas? ¿O a lo mejor el día en que Cristina y Pedro llegaron a casa y nos recibió llamándonos caramonos a los tres? ¿O qué tal ese funeral en Alemania, cuando decidió aplaudir y vitorear una canción del coro ante la mirada severa de los demás asistentes?
 
En realidad, Alex había dado paso al llanto tan deprisa que no tuvo tiempo de reparar en que, un poco a la derecha del árbol, varios paquetes le aguardaban junto a la chimenea (Papá Noel, con las prisas, los dejó allí mismo y marchó a seguir con el reparto). Así que, apenas unos minutos más tarde, Alex volvía a ser el niño más feliz del mundo mientras desenvolvía con impaciencia hasta cinco regalos. El que más le gustó fue un pequeño kimono para iniciarse con su padre en el kárate. El abuelo materno, que pasó aquí la Navidad, aplaudió la idea: "ojalá le sirva para canalizar toda esa energía". Así de bien trata la vida a Alex. ¡Si hasta le salió el rey nada más probar un trozo de su primer roscón! A falta de buen comportamiento, él pone su granito de arena con un optimismo y una confianza inquebrantables que su madre ha sabido transmitirle. Kristina ya le ha contado que pronto me mudaré a otra casa en la ciudad y, aunque no entiende muy bien los motivos (intuye que los gatos y yo son como su madre y las arañas) su reacción ante la noticia fue así de simple: "bueno, así podrá venir a hacerme de canguro cuando tú no estés".